EL FANTASMA DE LAS DICTADURAS MILITARES RECORRE TERRITORIO LATINOAMERICANO

Por Jorge Petrikowski

El día de ayer se llevaron a cabo las votaciones para elegir presidente en Uruguay y con un resultado que a más de un analista sorprendió, el candidato opositor parece que será el vencedor con poco más de un punto porcentual sobre el candidato oficialista; la sorpresa no es que la izquierda deje de gobernar después de 15 años en el poder, la sorpresa es el apretado margen, la razón, el fantasma de la dictadura militar que ronda por todo el territorio latinoamericano.
En columnas anteriores se ha mencionado el difícil problema que vive la región latinoamericana y la turbulencia política que la sacude, pues Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y otros países viven serias jornadas de manifestaciones, pero Brasil y Argentina viven un clima no muy distinto.
De acuerdo con periodistas de Uruguay, en horas recientes circularon videos en los que aparecen mandos militares que piden apoyar a Luis Lacalle Pou, candidato que logró juntar a las derechas y partidos de centro, esto ha desatado entre la población el temor a que se convierta en un gobierno cercano a la milicia y con ello revivan los días de terror de la dictadura.
A esto se suma lo acontecido en semanas recientes con Bolivia, donde un golpe de estado —así tiene que ser llamado cuando la intervención militar hace que un gobierno finalice—logró derrocar e Evo Morales e implantar a Janine Añes, quien sin perder tiempo concedió que las fuerzas del orden usaran fuerza letal para reprimir las manifestaciones que buscan que Morales regrese al poder.
En chile el caso no es muy distinto pues Piñera es objeto de sendas investigaciones internacionales por las muertes que han dejado las protestas que se han visto duramente reprimidas desde hace semanas.
Brasil, que no tiene protestas multitudinarias, ha visto, desde la llegada del exmilitar Jair Bolsonaro, crecer las ejecuciones extrajudiciales a la voz de que quien mate a un ladrón no será condenado por la justicia, sin importar que no se compruebe que el asesinado se dedicaba a los ilícitos.
Estos casos han regresado a aquel fantasma que parecía desaparecer por años en América Latina, el fantasma de Videla, Pinochet, Somoza y otros más que encabezaron dictaduras tiránicas basadas en el poder militar donde las protestas e inconformidades sociales eran acalladas con balas o cárcel, ese fantasma que parecía no volvería pues la democracia había triunfado; Bolivia nos demostró que no es así y está más presente que nunca.
Los gobiernos entrantes podrán devenir o no en una dictadura o un gobierno tiránico, pero el inicio de estos cambios que se hacen llamar “democráticos” aunque sean apoyados por la milicia, no resulta prometedor, al contrario, resulta preocupante y digno de observación, pues el fenómeno puede extenderse como se hizo antaño, de ahí la importancia de una división de poderes, de los contrapesos y, sobre todo, de exigir que los gobiernos respondan a las exigencias del grueso poblacional, no de unos cuantos que como siempre vean desde lejos las problemáticas sociales.

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