LAS FORMAS ¿IMPORTAN?


Por Jorge Petrikowski

“Las formas importan”, “esas no son formas” son frases que en meses recientes se han vuelto más populares, especialmente cuando se trata de manifestaciones en las que se realizan actos vandálicos en parte de la ciudad, pero ¿qué tan cierto es esto? y ¿cuál es la finalidad de estos actos?
Sin duda es reprobable cualquier tipo de violencia, bajo casi cualquier circunstancia, pero recientemente las protestas se han vuelto más enérgicas, en especial aquellas que buscan dar a la mujer, la mujer joven particularmente, sector descuidado durante sexenios por parte de las autoridades que no han podido dar solución a ningún tipo de violencia, especialmente la de género o con motivos de odio; estas protestas han derivado en millones de pesos en pérdidas por destrozos que, a simple vista parecerían sinsentidos, mas, bajo un análisis tienen una razón.
Sin esta clase de manifestaciones —que no son exclusivas de México, suceden en gran parte del mundo— esta columna difícilmente abordaría el tema, los periódicos no tendrían la mira puesta sobre los feminicidios ni la gente de a pie estaría tan enterada de que México es uno de los países más peligrosos para ser mujer, con este simple argumento aquellas mujeres que pintaron el Ángel de la independencia y decenas de monumentos ya han ganado el debate.
Darle notoriedad a una demanda es la razón por la que la gente sale a la calle y grita consignas, hace performances, y sí, también realiza actos que rayan en lo vandálico —dejando de lado los infaltables infiltrados que buscan reventar y desacreditar todo movimiento— y al movimiento feminista le ha servido, hoy todos hablamos de ello, para bien o para mal, pero es un tema que no pasa desapercibido.
Sí, quizá se podrían hacer otro tipo de manifestaciones como la creación de “el violador eres tú”, performance creado en Chile y que le ha dado la vuelta al mundo, ha llamado la atención, sí, pero en algunos países como México de poco o nada habría servido pues lo efímero de un acto sólo tiene repercusión si va de la mano de un grito enérgico, algo que merece la pena cuando las cifras de muertes sólo por ser mujer son alarmantemente altas como en el país.
Así pues, las críticas a este tipo de manifestaciones tendrán que ser vistas como un reclamo, reclamo legítimo por parte de las mujeres que se han visto convertidas en un blanco de la violencia, casi con total impunidad y muchas veces con la mirada omisa de las autoridades, por lo que las formas deberán pasar a un segundo plano y juzgar, como se hace a quien pinta un monumento, a las autoridades que se niegan a adoptar una estrategia que disminuya la violencia de género, que de hacerlo se evitarían todo ese arduo trabajo de restaurar vetustas esculturas.

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