Y TODO POR NADA: T-MEC HASTA NOVIEMBRE DE 2020, Y QUIÉN SABE. Por Juan Bustillos


Por Juan Bustillos

Si es cierto, y mi fuente del más alto nivel no me engaña (aún en la Cuarta Transformación es posible penetrar a la cúspide, en términos periodísticos sea dicho), la noche del martes, el Presidente López Obrador no pudo entrar en modo de reposo a las 19 horas, como acostumbra, porque un mensajero de Nancy Pelosi le comunicó que el T-MEC tendrá que esperar a noviembre de 2020, cuando la situación política de Estados Unidos se defina.
Sin embargo, la noche del martes no fue de pesadilla sólo para el mandatario; más o menos a la misma hora, a su secretario de Hacienda, Arturo Herrera, sus homólogos norteamericanos le confirmaron lo que no dejó dormir a su jefe.
Ahora ambos comparten ojeras, aunque Herrera no de manera oficial porque el negociador mexicano, Jesús Seade, en afán de llevarse la gloria, dejó fuera de la jugada al secretario de Hacienda, lo que para él, ahora, es una bendición,
Sin embargo, al margen de cómo se comporta el gabinete Montessori, lo preocupante es que la solución a nuestros males económicos y la aprobación por la que hemos cedido, incluso, soberanía, tendrá que esperar un año.
Algo ya sospechaba el Presidente que en su mañanera del domingo en la Plaza de la Constitución, en el primer aniversario de su toma de posesión, preparó el terreno pidiendo un año de gracia para terminar de crear el sistema de cimientos que impedirá a los conservadores dar marcha atrás a la Cuarta Transformación.
El encuentro nocturno con el mensajero de la señora Pelosi, que, tema aparte, trae de la gamarra a Donald Trump, fue presenciado por el azorado jefe de la Presidencia, Alfonso Romo, quien vio a su jefe pasar de la sorpresa al enojo porque, conforme a sus datos, daba por descontado que la aprobación era cuestión de días.
Y todo porque así se lo dijeron el negociador Seade y la secretaria de Economía, Graciela Márquez Colín, considerada una especie de cero a la izquierda, o más allá.
Si el mensajero no traicionó el espíritu, no aumentó una palabra ni quitó punto o coma a la esencia de lo que le pidieron comentar al Presidente, y si entendió bien a bien su misión, el Tratado de Libre Comercio de Carlos Salinas seguirá vigente, por lo menos, otros 12 meses, en lo que los electores norteamericanos deciden quién será su mandatario por otros 4 años y mantienen o modifican el estatus del Congreso.
Una de las reacciones, en automático, de López Obrador fue que cuanto antes comunicaran la terrible noticia a nuestra embajadora en Washington, Martha Bárcena. En ese momento no pensó en el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, ni en su negociador, Jesús Seade, por cierto, de pésima imagen entre los congresistas norteamericanos.
Para decirlo de otra manera, a las 20:30 horas del martes empezó una emergencia confirmada casi a la misma hora al secretario de Hacienda de manera oficial y no por su jefe ni a través de un mensajero.
No es la mejor noticia para iniciar el segundo año de gobierno porque en el afán de conseguir la ratificación de un tratado cuya negociación inició el gobierno de Enrique Peña Nieto, México estuvo dispuesto a cumplir hasta la mínima exigencia norteamericana, a grado que congresistas estadounidenses llegaron a recomendar a Seade luchar un poco por la soberanía de nuestro país.
Y todo por nada.
Ojalá y el mensajero haya exagerado los términos de su comunicación.
Ahora sólo queda esperar a que el gobierno mexicano anuncie la infausta noticia.

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