POLICÍA FEDERAL Y PERROS PARA REVISAR LAS MOCHILAS A MENORES


Por Roberto Cruz

Son agentes fotografiados de espalda. Más que sus rostros, lo verdaderamente importante fue leer lo que sus camisas oficiales anunciaban en la parte de atrás: Policía Federal.
Y si eso llamó la atención, más aún que sus manos mantuvieran, bien sujetos, a perros de auscultación, detectores (con el olfato) de drogas y otras sustancias. ¿También de armas?
Pero si eso aún no nos asombra, porque es algo relativamente común, tal vez nos diga más que policías y perros estaban frente a niños de la escuela “España”, en Torreón, ubicada a unos pasos del colegio particular Cervantes donde, el viernes pasado, un menor de 11 años accionó dos armas, matando a su maestra, hiriendo a cinco compañeros más, a otro maestro y, posteriormente, suicidándose.
La imagen la difundieron, este lunes, varios medios de comunicación.
Es un hecho que las autoridades educativas, de seguridad y otras, intentan reaccionar de la mejor manera para inhibir las reacciones adversas de un hecho bastante lamentable.
En el apresuramiento, sin embargo, no miden consecuencias. En principio intentan solucionar un suceso de alto grado psicológico con una acción que impacta de la misma manera, o peor.
La preocupación de los niños, porque ni jóvenes son todavía, será, además de imaginarse lo inimaginable, un compañerito agresor (cosa que para solucionarse primero debe arreglarse la integridad emocional de los adultos y, más, de quienes van a tratar el problema), que un perro o un ¡policía federal!.. Revise sus mochilas.
Si, en este gobierno, la violencia no se combate con violencia, ¿el terror sí con terror?
Ese arrojo (¿valentía?) con los niños de la escuela “España” ¿la tendrán las autoridades, la Policía Federal, la Guardia Nacional, con la delincuencia organizada?
No lo hemos visto. Es más, no es la estrategia. Al crimen se le pide “portarse bien”; se les amenaza con acusarlos con sus “mamacitas”, sus “abuelitas”, además de ofrecer “besos y abrazos”.
Entonces ¿quién fue el genio?
La acción de la SEP, o de quien haya sido la idea de “apantallar” a los niños (o a los adultos) con perros y policías federales, contrasta con las palabras del Presidente Andrés Manuel López Obrador durante la conferencia mañanera de inicio de semana.
“No es nada más ‘Mochila Segura’; es vamos a una sociedad mejor, bienestar material, bienestar del alma, fortalecimiento de valores culturales, morales, espirituales, que no se sigan desintegrando las familias. Esto es muy importante, atender las causas”, expresó el Mandatario federal.
El comentario es aceptable siempre y cuando los encargados de la psicología infantil, las autoridades, los gobernantes, también, antes, se sometan a todo curso de “bienestar del alma”.
Y el Presidente terminó por tomar la vereda del alma y el espíritu.
“Vamos a la Constitución Moral, a la convocatoria… y a definir preceptos, y a insistir que sólo siendo buenos podemos ser felices.
“Esta es la función principal de un buen gobierno: Conseguir la felicidad del pueblo, conseguir esto, una sociedad mejor”.
Y después, aunque esto ya ni de imaginarse -porque está ocurriendo ahora-, volvió, oootra vez, al pasado, recomendó la lectura de un libro (de Galgraith) y, basado en él, encontró el escape perfecto: “Durante el periodo neoliberal se olvidó eso y se partió de la premisa falsa de que se es malo por naturaleza o que se nace malo; eso tiene que ver mucho con el conservadurismo”.
“Estamos en un proceso de transformación y tenemos que tener claras las ideas; si no, vamos a seguir en lo mismo. Entonces, este es el libro; lo recomiendo”.
Y ya no hablo del discurso presidencial porque voy a quedar más loco de lo que estoy.
Algo no embona. Si hacemos un recuento de las calamidades padecidas en nuestra nueva época política, las asistencias gubernamentales, en distintos hechos, cuando no son tardías, son apresuradas.
Sólo pregunto: ¿Y en todo esto cuál es la culpa o el beneficio para los niños?

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