MORENA… ¿CALLEJÓN SIN SALIDA?


Por Javier Solórzano Zinser

Por más que algunos en Morena convoquen a la cordura a quienes quieren dirigir el partido, como diría su omnipresente líder a serenarse, el lío crece y no se ve futuro de consenso.
Da la impresión de que en Morena no se han dado cuenta de lo que pueden enfrentar. Las consecuencias aparecerán y lo que originalmente se prometió evitar, para no repetir errores del pasado, puede aparecer de manera brutal.
La confrontación entre Yeidckol Polevnsky y Bertha Luján coloca al partido en un problema que pudiera no solucionar ni el propio López Obrador. La disputa no es sólo entre dos personas, lo que hay de fondo es la lucha por el partido y ya no sólo por lo inmediato sino por el futuro, sin dejar de pensar en el 2024.
El riesgo de división interna, independientemente de quien quede al frente de la organización, puede ser el detonador que puede llevar a un callejón sin salida.
Lo más delicado que puede venir para Morena es que se sobrevalore. Están apareciendo los inevitables procesos de desgaste en el ejercicio del poder, del cual no va estar exento el Presidente. En algunos estados gobernados por Morena la crítica ha ido creciendo y no se alcanzan a apreciar resultados que muestren una gobernabilidad diferente.
No basta con replicar lo que hace el Presidente. Cada estado, cada municipio y cada distrito tiene una dinámica propia. Si se quiere gobernar en la acción y en el discurso, como lo hace López Obrador, se va a enfrentar a la terca realidad; porque está claro que el mandatario camina bajo su propia dinámica e imitar sus políticas, obviamente no produce el mismo resultado.
Morena no va a poder depender en el 2021 de López Obrador como lo hizo en 2018. Por más que traten de hacerlo no va a estar en las boletas, no es lo mismo una elección local que una federal. A esto sumemos que el Congreso, con mayoría de Morena, está dejando dudas y cuestionamientos, se van abriendo boquetes lo que puede provocar votos diferenciados que afecten a Morena.
No pareciera haber conciencia de las consecuencias de lo que puede suceder. El partido se está viendo como un botín por el cual se pelean más por razones de protagonismo, quizá también de dinero, que por posiciones políticas, defensa de proyectos o cuestiones ideológicas.
Hemos insistido en que el Presidente parece estar pintando una singular distancia. A veces sale con que si no se entienden ahí se ven, y también ha entrado en los terrenos de evadir el tema en sus afamadas mañaneras. Lo cierto es que el desgaste va creciendo al interior del partido y pone a la vista las consecuencias de la forma en que se construyó la organización.
El pragmatismo llevó a que no hubiera criterios claros para definir cómo construir a Morena, porque si algo se buscaba era ganar votos y sacarlos hasta de las piedras si era posible, sin que estuviera de fondo una idea clara del inevitable futuro de lo que se podría venir ante lo que ya se presumía un triunfo contundente.
El lío va a crecer hacia mediados del año. No hay signos de que pudieran llegar a buenos acuerdos para la elección de la nueva dirigencia o para ratificar a la actual. Cuando se tenga que decidir quiénes serán los candidatos a los innumerables cargos públicos que estarán en juego en el 2021, podría darse una confrontación que quizá ni el tótem del partido podrá detener.
No es que estemos cerca del hecatombe o algo parecido. Lo que sucede con lo que anda pasando el partido es que vayan creando condiciones de división interna que provoquen sangrías y que se vaya perdiendo la fuerza de Morena, evidenciando que es un partido a imagen y semejanza de su omnipresente fundador y eje de su existencia.

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