AMLO ENTRE MUJERES Y CORONAVIRUS


Por Francisco Bustillos

El Presidente López Obrador se mueve en un clima trágico y político, entre las mujeres que el 9M saldrán a la calle y el coronavirus que ya llegó a nuestros hogares, a muy pocos, es cierto, pero que posiblemente día a día el número se incrementará. En Coahuila, se ha registrado el cuarto caso.
Ambos asuntos son de emergencia de Estado, por más que el gobierno no quiera reconocerlo. Los feminicidios son la expresión extrema de la situación de la mujer en el país a consecuencia del machismo resultante de la mezcla de razas que nos dieron identidad; han sido el detonante para un movimiento que el gobierno ha afrontado de la peor manera, incluso con machismo otorgando paternal permiso a las mujeres que cumplan con el llamado al paro del 9 de marzo.
López Obrador no ha sido ajeno a las causas del enojo que por momentos se convierte en furia de grupos de mujeres activistas.
En una mañanera se molestó porque una reportera preguntó sobre feminicidios cuando él se afanaba en impulsar la rifa del avión que usaba Enrique Peña Nieto. El Presidente no quería que la prensa amarillista y conservadora minimizara su genial ideal del sorteo millonario con respuestas sobre un crimen atroz.
Luego vendría el cambio de posición de la esposa de López Obrador, la señora Beatriz Gutiérrez Muller. Fiel a sus convicciones, reaccionó con apoyo al llamado a parar el 9M, pero al día siguiente cambió su solidaridad con un exhorto a apoyar a su esposo el Presidente.
Como si fuera poco, la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, se enredó en un debate insolente con la periodista Lydia Cacho, reduciendo el movimiento feminista a una cuestión de lavar trastes.
El chiste es que ha sido el gobierno quien ha politizado el movimiento feminista cuando el instinto político del Presidente pudo llevarlo a hacerlo suyo e incluso encabezarlo.
Hoy lo mejor que puede pasarle es que el 9M no sea el detonante que sus adversarios (a los que ha endosado la sospecha de estar atrás de las activistas) esperaban para iniciar un movimiento nacional, que abra camino a otros, con consecuencias políticas negativas para la Cuarta Transformación.
En cuanto al coronavirus, el Presidente se mantiene fiel a su naturaleza de ser diferente al pasado y en ese afán se explica su cruzada por convencer al país de no sobre reaccionar como ocurrió en tiempos de Felipe Calderón con la “influenza porcina”.
Para su fortuna, ha contado con el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, con profundos conocimientos sobre el tema y con una asombrosa capacidad de explicación que lo hace desentonar con la gran mayoría de los colaboradores del Presidente, incluso con él.
López Obrador ha minimizado el problema sin mayores argumentos, pero el subsecretario de Salud lo ha hecho con explicaciones científicas y enorme capacidad didáctica.
No obstante, por la proclividad presidencial al bote pronto, a partir del viernes, además de la conferencia mañanera que ha menguado la capacidad física de la mayoría de los funcionarios que comparecen ante él o con él en la reunión de gabinete de seguridad y en la rueda de prensa, se inventó otra nocturna exclusiva para informar sobre el coronavirus.
El viernes y sábado llevó la voz cantante López Gatell, pero es probable que a partir del lunes el Presidente acapare los horarios estelares matutino y nocturno.
Las conferencias nocturnas desbordan optimismo. Esperemos, sin embargo, que la realidad no destruya el optimismo de López Gatell en el sentido de que no estamos en emergencia, porque, sumido en un problema de desabasto médico a causa de la política de austeridad y la campaña contra la corrupción en la distribución de medicamentos, el país no está en condiciones de afrontar una epidemia que ya enfrentan otras naciones.
Por el país, confiemos que el gobierno sepa lidiar con el 9M y la probable infiltración de provocadores empujados por la derecha y los adversarios del Presidente si, en esa fecha o en otra, las mujeres deciden salir a la calle en grandes o pequeñas cantidades, y que López Gatell no se equivoque y todo se resuelva lavándonos las manos una y otra vez, protegiéndonos con el estornudo “de tiqueta”, sin usar cubrebocas que para nada sirven, y sin prescindir de abrazos y besos.

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