*INCONTINENCIAS DE PROMESAS AL ARRANQUE DE CAMPAÑAS


Por: Manuel Narváez Narváez

Dos de ellos buscaron la comodidad de la CDMX; uno se aferró a la seguridad de la localía y el otro se arriesgó en terrenos fronterizos.
El primer evento de campaña de Ricardo Anaya, del Frente, lo materializó en la Expo Santa Fe. El panista y su equipo siguieron el librito del marketing y abrieron con mil jóvenes en un establecimiento ubicado en una de las zonas más exclusivas de la CDMX.
Margarita Zavala, ahora independiente, se fue al emblemático monumento del ángel de la independencia, sobre Paseo de la Reforma. Ahí la exprimera dama convocó a medio millar de simpatizantes que la arroparon para iniciar la titánica hazaña de volver a los pinos, esta vez como presidenta.
El candidato del tricolor, Pepe Meade, llevó su arranque hasta el extremo sur del país. En la blanca Mérida, capital del estado donde el PRI parece tener todavía el control. Por la tarde de ese domingo, Meade tuvo su segundo acto proselitista en Sonora, otro estado de los que aun gobierna, para cerrar su primer día de campaña.
Por su lado, Andrés Manuel fue el único de los cuatro que se aventuró en el norte del país. Con poca o nula presencia en sus dos anteriores incursiones por la presidencia, el candidato de MORENA, ante unos diez mil simpatizantes, arrancó su tercera campaña en Ciudad Juárez, como reconocimiento al gobierno itinerante de Benito Juárez y para enviar un mensaje hasta Washington.
Hasta aquí el parte de inicio de hostilidades de los candidatos presidenciales para suceder a Enrique Peña Nieto. Cada uno tuvo su propia interpretación de la realidad que los rodea y de las posibilidades de alcanzar el objetivo.
Ahora bien, desmenucemos las incontinencias de promesas que como fusil que escupe fuego por el cañón dispararon a diestra y siniestra a escasos tres días de haber iniciado la carrera por los pinos.
Anaya soltó que va a reducir el IVA en la frontera al 8% y a emparejar el costo de la gasolina con el de la franja fronteriza estadounidense. Por esta promesa, el frentista entró en una polémica con López Obrador, toda vez que el tabasqueño ya había dicho lo mismo durante una gira por Chihuahua en la precampaña. En estos momentos continúa la Litis por la paternidad de la propuesta.
Adicionalmente, el exdirigente panista prometió que va a erradicar el feminicidio y a emparejar los salarios entre hombres y mujeres. Todas las mañanas, como el señor sol, Anaya va a aventarse un matutino en punto de las 7 horas, para anunciar una promesa; sí, una diaria hasta el último día de campaña.
José Antonio Meade, fiel a los trabalenguas priístas, disparó como ráfagas siete puntos clave de lo que sería su gobierno, claro, en caso de remontar el lejano tercer lugar en el que se encuentra. Sus prioridades, prometió en Mérida, serán las mujeres, la seguridad, la educación, combate a la pobreza, salud, programas sociales y los jóvenes.
Ya más ecuánime, el abanderado del PRI, quizás abrumado por los escándalos de corrupción del partido que representa y la pesada loza que eso significa (la que cargaba el pipila era una hoja de papel comparada con la de Meade), futurea y asegura que será el primer presidente sin fuero.
Margarita no desentona y tercia con estos dos individuos. La señora Calderón, en primera instancia dijo que va a combatir la inseguridad y al crimen organizado con toda la fuerza del Estado, es decir, igual que su marido lo hizo y como Peña lo continuó.
En lo que refiere a sus pares, la independiente se solidarizó y desde Ecatepec, hoy capital nacional del feminicidio, enfatizó que no va a tolerar que se siga violentando a las mujeres, lo que equivale a no deshojar más la margarita.
AMLO, bueno, las de AMLO son las mismas de hace doce años, salvo leves adecuaciones para esta ocasión. El tabasqueño avecindado hace mucho en la CDMX, promete acabar con la corrupción y la impunidad, reducir los salarios de la alta burocracia, construir refinerías, financiar a estudiantes del nivel medio y superior, reducir el IVA y el ISR en la frontera, norte, y una política de amor y paz, que incluye no enjuiciar a Peña y amnistía para criminales, sin precisar a quiénes.

Prometer no empobrece pero en un país donde se ha abusado hasta el hastío de la buena fe de los mexicanos, sí resulta insultante.

Para empezar no me sorprende la flaca o nula memoria de los contendientes que replican como demagogos las mismas promesas de hace 18 años. Por qué no fueron capaces o no quisieron hacerlo desde las posiciones de influencia que han tenido a lo largo de su vida política; por qué habríamos de creerle ahora?, se les hace fácil o chistoso por el simple hecho de ser candidatos presidenciales?.
Ninguna de las promesas vertidas en estos primeros días de campaña es nueva. Algunas de ellas han sido probadas y comprobados sus fracasos. Otras lisa y llanamente no se aplican por lo ambiguas o ridículas que resultan. Unas cuantas, tal vez las más audaces, no se intentan porque romperían con el molde de corrupción e impunidad del que subsiste un puñado de privilegiados.
Para creerles quiero una prueba de ese amor que juran profesar por México. Que Anaya y Meade demuestren que son serios, sinceros y honestos; los dos como candidatos representan las tres cuartas partes de los integrantes del congreso federal de la actual legislatura. Que sus respectivos partidos impulsores presenten y aprueben antes que culminen las campañas, las promesas que según ustedes harán de este país lo que solo en su mente existe.
Ambos han mentido tantas veces. Pepe ha tenido la fortuna de ser secretario de Estado varias veces, en dos sexenios y con diferentes (¿?) partidos; en todas esas oportunidades México ha perdido, así lo demuestra la realidad. Ricardo, prometió devolver parte del dinero que recibe el PAN como prerrogativas para los partidos, y que lo donaría al fondo de reconstrucción del 11/9; también protestó recuperar la democracia del partido. En ambos casos incumplió, dejó a los afectados por los sismos con la mano estriada y se agandalló la candidatura.
De Margarita, soy sincero, sigo esperando a esa dama con agallas y determinada a ser la persona honesta que despierte las simpatías del México harto de los políticos y la partidocracia. Que los valores de la honestidad y la humildad fluyan, sin temor a discrepar de lo que fue el sexenio de su marido y a diferenciarse de la sombra de oscuridad que acompaña a Anaya.

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