LAS HORAS CRUCIALES


Por Isaí Vinicio

No hay plazo que no se cumpla, y los tiempos para la toma de decisiones difíciles están a la puerta. A la administración de AMLO el destino lo alcanzó y no podrá evadirse aún y cuando hago uso de su amplio reportorio de retórica simplista. No podrá seguir posponiendo la aplicación de medidas en el complejo contexto en el que nos encontramos, se le juntaron la crisis de salud, no sólo por la llegada del COVID-19, la crisis económica no sólo por los efectos internacionales de la recesión en puerta y la crisis de seguridad que no ve la luz al final del túnel, y frente a la agudización de las anteriores podría dar paso a una crisis de gobernabilidad aún más delicada. En materia de salud, la llegada de CIVID-19 pondrá a prueba a un alicaído sistema que desde el año pasado se encuentra en terapia intensiva por una radical política de austeridad presupuestal. No será fácil para este gobierno administrar la crisis de salud que se avecina, la política pública no es su fuerte y ni siquiera le interesa, la ve como un obstáculo inevitable de las fuerzas oscuras del destino que se coaligan en su contra. Si la pandemia se instala cómo se pronostica, sus efectos podrán ser devastadores en números de muertes e infectados, pero afectará aún más en los niveles de confianza sobre el desempeño de este gobierno. Sin embargo, los efectos colaterales del COVID-19 serán aún mayores sobre todo en materia económica. Nuevamente, porque se cosecha lo que se cultiva, este gobierno tendrá que actuar en un campo minado que él mismo construyó arbitraria e ideológicamente en una absurda pretensión para hacer constar su predominio en la toma de decisiones, ahora deberá recomponer los efectos de esta política en un contexto adverso y sobre el que ni siquiera está seguro si quiere hacerlo. Es un hecho que la pandemia se encuentra ya en su proceso de expansión en nuestro país, varias son las acciones que deberán implementarse por las autoridades de salud, contener su contagio es central, atender a los afectados es prioritario y no saturar los centros de salud la estrategia. Las autoridades científicas están tomando un rol relevante y eso en esta administración ya es ganancia. Sin embargo, no podemos decir lo mismo de la crisis económica que vendrá aparejada en gran medida por el parón económico que deberá implementarse para contener el contagio. Aquí las autoridades especializadas en la materia están maniatadas: la ideología, la fobia, el clientelismo, el resentimiento y muchos otros impulsos más allá del ejercicio racional y sensato llevan la prioridad. La emergencia al parecer no cambiará en una primera instancia la toma de decisiones económicas, tal vez esperarán a que el tamaño de la inminencia toque tierra y muestre sus primeros efectos devastadores en el empleo, el consumo y la ya enclenque inversión. La caída de la economía nacional es un hecho indiscutible, la duda gira en torno a la profundidad, el intervalo entre piso máximo y el mínimo estará en torno del -4.5% al -1.5% del PIB, cuando el presupuesto federal para el 2020 fue diseñado con un crecimiento del 2% del PIB, que ni ellos mismos en este momento sostienen, con un tipo de cambio que en este momento esta por encima de los 24 pesos y la autoridad lo estimaba en 19.80, y con un precio de barril que fijo en un promedio de 48 dólares y que en este momento está en 20 dólares. Pero sobre todo con la ausencia de una variable que nunca fue ponderada en los escenarios prospectivos del gobierno: la recesión económica de los Estados Unidos, principal socio comercial y sostén de la planta productiva nacional. Pero el Presidente no ve la diferencia, ni considera necesario un plan de emergencia nacional para atender los efectos de coronavirus, ni considera mensajes extraordinarios para fomentar la confianza empresarial y promover la inversión privada. Sin embargo, su tiempo se agota y no podrá seguir escatimando decisiones para enfrentar la crisis en puerta. Todo esto en un entorno institucional muy frágil, consecuencia directa de la nula capacidad por implementar una eficaz política para contener los índices de inseguridad en todo el país. No la tiene fácil este gobierno y deberá tomar decisiones estratégicas muy pronto: en materia de salud, en materia de económica, en materia de seguridad pública, etc, etc. Estamos frente a la llovizna que antecede a la tormenta, ojalá utilice este remanso de quietud para pensar, hacer trabajo de gabinete, tomar decisiones y coordinar su implementación. Son horas cruciales.

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