POR FIN SE IMPUSO LA SENSATEZ… A MEDIAS


Por Juan Bustillos

Pareciera que pasó una eternidad desde que el Presidente López Obrador decía con cierta mordacidad que el coronavirus era una enfermedad que ni siquiera era fatal, y su concepción de la pandemia le servía, cómo no, para arremeter una vez más contra quienes acuden al amarillismo para provocar psicosis colectiva, “miedo o temor”, es decir, los medios de comunicación, dedicados a “zopilotear”.
Era el 28 de febrero y aún no sorprendía al mundo presumiendo sus “guardaespaldas”, una mezcla de sincretismo religioso, de superchería y confianza en el gobierno de Donald Trump, que detendrían el contagio: el doble escapulario del Sagrado Corazón de Jesús, el trebol de hasta 6 hojas y un billete de dos dólares. Sólo le faltó invocar a la madre tierra y las deidades de los pueblos originarios.
No por lo que ocurre en el mundo, sino por nuestro entorno hoy sabemos que el coronavirus sí es letal –ya cobró cinco vidas— y hay 405 casos comprobados; nada comparado con China, Italia, España y Estados Unidos, por mencionar algunos países que la están pasando muy mal, pero todo indica que, en nuestra proporción, nos espera un futuro igualmente negro que nadie desea.
Tan letal es el virus que por fin se impuso la sensatez y el Presidente decretó, con la finalidad de evitar la propagación del contagio, que mujeres embarazadas y en periodo de lactancia, así como enfermos crónicos y adultos mayores de 65 años que laboren tanto en el sector público como en el privado, podrán mantenerse en sus hogares sin sufrir descuentos salariales ni merma en sus prestaciones.
Nada dijo del resto de la población femenina que recientemente se rebeló manifestando su malestar con más de 150 mil pesonas marchando en la Ciudad de México y en otras grandes ciudades, y un día después parando labores por millones en todo el país. Eso sí, aconsejó que las hijas podrían quedarse en casa cuidando a sus padres enfermos.
Igualmente tiene un plan para las clases desprotegidas que conforman su base electoral, misma que día a día se amplía gracias a las inagotables arcas gubernamentales, pero no hay tregua para las clases medias, esas que desertaron del PRI y del PAN para votar por él para la Presidencia y hoy muestran su arrepentimiento en divertidos memes que circulan en las redes sociales ridiculizándolo.
Para tranquilizar a la población López Obrador aseguró que tiene 400 mil millones de pesos para enfrentar el problema. Se trata de dinero que nadie sabe de dónde saldrá, pero que cualquiera entiende es producto de la lucha contra la corrupción y de la austeridad, como se llama ahora al subejercicio del presupuesto del año pasado.
El optimismo no se pierde a pesar de la crisis económica mundial. De ninguna manera pararán “todos los programas del bienestar, todos; (hay) recursos para enfrentar la caída de los precios del petróleo … Tenemos recursos para que continúe la construcción del aeropuerto, para que continúe la construcción de caminos, de carreteras, el plan del istmo. Tenemos recursos para que continúe la reconstrucción de la refinería de Dos Bocas (no puede ser reconstruido lo que no existe), tenemos recursos para financiar el Tren Maya…”
Sin embargo, mientras hasta la banca anuncia apoyos para sus deudores, el SAT dice que no, que si no puedes salir a la calle o estás imposibilitado porque eres víctima del coronavirus, te sientes ante la computadora a cumplir con tus obligaciones ciudadanas pagándole el 30 de abril próximo pues, si de por sí la recaudación está en caída, de haber clemencia por la crisis sanitaria para los causantes cautivos , el gobierno tendrá menos dinero.
Como sea, atrás han quedado, si no las satinaciones contra quienes nos hemos graduado de “epidemiólogos”, si las invitaciones que todavía el fin de semana nos hacía a no tener miedo, a seguir saliendo a la calle y frecuentar taquerías y otro tipo de establecimientos. Tampoco se promueven los apretones de manos a manera de saludo, ni se acude a abrazos y besos en la mejilla para mantener la popularidad.
En franca imitación al Presidente, hoy hasta el comandante en jefe de la guerra contra el coronavirus, el doctor Hugo López Gatell, aconseja también saludar con el corazón e inclinar la cabeza a la manera asiática.
El subsecretario de Salud ya no habla de la fuerza moral y no de contagio presidencial, pero es evidente que se muere de ganas por repetir la frase con que pasará a la historia.
Hoy estamos instalados en la realidad: ingresamos a la segunda etapa de la pandemia y lo que venga dependerá de la autoridad, pero más bien, como hasta hoy, de las precauciones que la población tomó mucho antes de que las autoridades sanitarias convecieran al que manda de que sólo su palabra es ley, de la gravedad del problema y nuestras limitaciones para enfrentarlo.

Previous Celebra AMLO aprobación histórica de Reforma Constitucional en materia de bienestar
Next Suspende labores el Gobierno Federal