GLOBALIZACIÓN Y PAZ MUNDIAL, EN GRAVE RIESGO


Por Enrique Villarreal Ramos

El estudio de ciclos globalizadores pasados permite vislumbrar que, si convergen diversos fenómenos, se puede producir la tormenta perfecta que los colapse. Así, la globalización del siglo XIX culminó cuando el nacionalismo, la rivalidad colonialista, el armamentismo, los conflictos comerciales, las contiendas regionales y la existencia de eslabones débiles (los Balcanes) y terrorismo detonaron la Primera Guerra Mundial. Esta hecatombe significó una gigantesca devastación material, económica, humana y moral, con terribles consecuencias: proteccionismos, crisis económica y la Gran Depresión; el ascenso de fascismos y totalitarismos; carrera armamentista y la Segunda Guerra Mundial, aún más catastrófica que la anterior.
Pese a la fuerza tecnológica, el poder económico y la penetración universal de la globalización actual, existen rasgos alarmantes que configuran un escenario similar al de hace un siglo, que la amenazan y, que incluso, ponen en riesgo la paz mundial. El milenio ha comenzado con presidentes nacionalistas y militaristas, Rusia (Putin) y Estados Unidos (Bush y Trump); rivalidades geopolíticas y geoeconómicas entre potencias y bloques comerciales; largas y sangrientas contiendas regionales (Irak, Afganistán, Siria) acompañadas de terrorismo, separatismos y crisis humanitarias; recesiones económicas globales y presiones proteccionistas; tensiones políticas y eslabones débiles (Corea del Norte y Siria), que han confrontado políticamente a las potencias.
De forma similar a la rivalidad comercial entre el Reino Unido y Alemania hace más de un siglo (previa a la Gran Guerra) o la entablada entre Washington y Tokio (que antecedió al Black Monday de 1987), en ambos casos, resultado de la lucha por el dominio económico mundial, se produce el conflicto tarifario entre la Unión Americana y China, nación que le compite por la hegemonía económica global y la vanguardia tecnológica. Resulta que China tiene un PIB mayor que el estadunidense; es el mayor exportador planetario (es el adalid del libre comercio), y además es el banquero del mundo, al tener la mayor reserva de dólares y la producción mundial de oro e instituciones bancarias multilaterales que rivalizan con las occidentales. Ante ello, y dado el enorme déficit comercial que tienen los norteamericanos con China (de 375 mmd, “el mayor de cualquier país en la historia del mundo”, según -Trump), y con el argumento de que los chinos “roban tecnología y realizan competencia desleal”, y de que “las guerras comerciales son fáciles de ganar”, la Casa Blanca le impuso a China medidas arancelarias a sus importaciones por 50 mmd (además de los gravámenes al acero y al aluminio) y restricciones a sus inversiones. En respuesta, Beijing amenazó con tarifas con un valor equivalente, y medidas no arancelarias (por ejemplo, vender parte de la deuda pública estadunidense).
Si bien una escalada tarifaria entre Washington y Beijing puede ocasionar gran daño mutuo y a la globalización, la paz mundial corre un peligro mayor y más inmediato con las fuertes tensiones entre Estados Unidos y Rusia por el conflicto sirio, especialmente después del ataque químico de Bashar al Assad, quien puede ser objeto de una fuerte represalia militar de la coalición occidental, lo que será considerado, según Putin, un acto de guerra, y que defenderá al dictador sirio. Los eslabones débiles son peligrosos, porque si se rompen provocan confrontaciones militares focalizadas entre las potencias, pero que pueden derivar en una conflagración global, sin pronóstico.

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