De Margarita a AMLO, un análisis del primer debate.

El día de ayer, domingo 22 de abril, se llevó a cabo el primer debate de los candidatos presidenciales; la independiente Margarita Zavala, el priista José Antonio Meade, el panista Ricardo Anaya, el morenista Andrés Manuel López Obrador y un tal Bronco, se dieron cita en el Palacio de Minería de la Ciudad de México para contender, exponer, criticar y en el caso de la “única mujer en la boleta electoral” desperdiciar una valiosa oportunidad.

Durante los últimos meses, los medios de comunicación (redes, periódicos, radio, tv) han dado crédito de las decenas de encuestas que se han realizado con respecto al tema presidencial en nuestro país; a excepción de unas cuantas encuestas a modo (pagadas), el resultado es siempre el mismo: AMLO va muy a la cabeza de sus adversarios. Hace apenas unos días, Reforma colocaba al tabasqueño con una ventaja abrazadora del 48%. Empero, las encuestas no son las elecciones, en un país como México, que sufre una metástasis corruptiva como pocos países, las encuestas sólo sirven para caldear las elecciones antes del primero de julio. Las encuestas no ganan elecciones.

Algunos expertos coinciden en otorgar una gran importancia a los comicios que se celebraran en 70 días y, ¿por qué no? Las últimas décadas y los últimos tres sexenios han significado una punzante bofetada para el mexicano promedio. Es la clase media y baja las que soportan directamente la corrupción de los altos mandos; a los desaparecidos; a los muertos; a los ejecutados; a los encarcelados injustamente; a las mujeres asesinadas y violadas; al racismo; a la desigualdad.

Los candidatos que decidirán el destino de los próximos seis años de México son ya conocidos. Tenemos frente a nuestras pantallas, a la esposa de un ex presidente, a un panista que fracturó al PAN, a un “ciudadano” que, apuesta por el PRI, a un candidato que ha buscado la presidencia tres veces, y al Bronco, que llena de coloquialismos nuestros oídos. Ayer, casi dos horas y media fueron destinadas a su palabra, a su retórica: base de la política en cualquiera de sus niveles.

Ocurrió lo que muchos de los mexicanos temíamos, algo que se pronosticaba y que no se puede negar ni dejar de comentar: fueron cuatro candidatos en contra de Andrés Manuel. Cualquier oportunidad, por más mínima que fuera, era utilizada para cuestionar y exigir respuestas al tabasqueños. Claro, hubo ciertos enfrentamientos verbales entre el resto de los candidatos, pero en general, los ataques fueron dirigidos al morenista.

Margarita Zavala nos demostró que, en primera instancia, el verbo y la retórica no es algo que domine. Fue penosa, por no decir mediocre su participación; aprovechó de más su situación de género para tratar de salir bien librada a las cuestiones que, por más que intentaba, no pudo resolver. Seguridad y economía fueron dos de los rubros que terminó orillando al ya desgastado “las mujeres debemos de tener las mismas oportunidades” o “soy la única mujer en la boleta”. Los nervios devoraron a Margarita y al proyecto expansivo de Felipe Calderón.

José Antonio Meade lució como un monumento a la serenidad. Todas las acusaciones que le hicieron fueron tan contundentes como un jab en la cien: Borge, los Duarte, la estafa maestra, Rosario Robles, Rodrigo Medina, corrupción, inseguridad, hartazgo, incredulidad por parte de la ciudadanía. Siendo plenamente sinceros, era el candidato que, por pura posición, llevaba las de perder, incluso más que Obrador. Meade luchó (o trató) no sólo contra cuatro oponentes, sino contra 70 años de corrupción del partido que el día de ayer lo cobijó.

Una de las figuras más innecesarias como polémicas es ese candidato orgulloso del norte que se hace llamar “El Bronco”. Posee el conocimiento técnico como para que el día de ayer hubiera estado parado al lado de sus cuatro contrincantes, sin embargo, eso no hizo que su participación fuera fructífera, salvo dos o tres comentarios acertados que hizo contra Obrador, Meade y Anaya, el Bronco dio catedra de lo lejos que estamos en México de tener un candidato independiente serio en nuestro país.

López Obrador supo llevar la guerra de palabras en su contra. Antes del debate, los medios y el propio Obrador lo pronosticaban, sería una guerra de cuatro contra uno (sin contar a los moderadores). Sin embargo, Andrés parece tener un problema serio con los debates. Al principio de este texto se habla de los favorecido que está en las encuestas; de la misma manera que encontraba en 2012, Obrador no fue contundente con sus propuestas y respuestas. Muchos de los que vimos el debate, deseábamos el tipo de respuestas que está acostumbrada a dar alguien como Tatiana Clouthier. No fue así. Uno de los ataques más recurrentes fue el tema de la famosa amnistía, que propuso Obrador. Probablemente ayer la mente del tabasqueño se nubló por tanto palabrería surcando su mente; él ha dejado en claro, que la amnistía no va a ser para los grandes capos, sino para los miles de pobres que, por la triste realidad de desempleo en muchas de las comunidades más alejadas en nuestro país, se ven en la necesidad de sembrar y cosechar la droga; Hubiera sido una muy buena oportunidad para dejarlo en claro de una vez por todas, sin embargo, vimos otra cosa por parte del tabasqueño. Hizo lo necesario para librar por lo menos las acusaciones (un poco más serias) de Anaya y Meade. Con sus evasivas, dejó claro que Zavala y el Bronco no son relevantes en un debate “serio”.

Finalmente, Ricardo Anaya demostró ser una hibridación de lo que les hace falta a los candidatos independientes: seriedad, retórica y argumentos. Al día de hoy, diversos medios lo colocan como el franco ganador del primer debate presidencial. Anaya es joven, informado y contundente. Lo vimos sereno y seguro de lo que decía. Su estrategia fue clara: acusar al PRI, minorizar a los independientes y darle con todo a Obrador. No por eso Anaya deberá subir en las próximas encuestas, el panista tiene un severo problema intrapartidista. Los propios panistas lo han acusado y señalado de traicionero, corrupto y falto de moral y de principios; además, buena parte del PRD tampoco simpatiza con su proyecto. A esto, deben sumarse sus enemigos priistas y ciertamente, los de MORENA.

En la política mexicana, los funcionarios son piezas que menean manos invisibles. Si eres útil, puedes avanzar a la siguiente ronda, si has agotado tu potencial relevante, serás juzgado y utilizado mediáticamente para posicionar a las piezas que vienen detrás de ti. Faltan 70 días para las elecciones y en este extraño escenario electoral, puede ocurrir cualquier cosa. Hace falta recordar nombres como Luis Donaldo Colosio o Javier Duarte.

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