Asesinados y disueltos en ácido. De Acteal a Ayotzinapa ¿Por qué creer y confiar en la Fiscalía?


La violencia en México actualmente es comparada con países que se encuentran en guerra como Siria o Yemen; en nuestro país hay tantos muertos que se cuentan por decenas todos los días. Según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, dos mil 500 personas fueron asesinadas en México sólo durante el primer mes de 2018, eso es aproximadamente 80 homicidios por hora. Además, los datos del Secretario indican que, por lo menos siete de cada diez de esos asesinatos se consumaron con arma de fuego.

La violencia en nuestro país es completamente incluyente, no discrimina entre sexo, edad, religión, ocupación, posición económica o preferencias sexuales; mata y devora todo por igual. Si hiciéramos un trabajo ontológico, nos daríamos cuenta que la violencia en México es generada por varios factores que conviven y se complementan. La corrupción es la base de todo, la falta de ética, el origen.

La corrupción es un cáncer que ha hecho metástasis en los órganos gubernamentales, todos, incluidos los más altos puestos. Hemos llegado a un grado en el que el gobierno coopera con grupos delictivos, de tal modo que surgen los narcofuncionarios, criados en el narco y cobijados por el gobierno. Moreira es el ejemplo más claro. Además, las instituciones encargadas de velar por la paz y la justicia son partícipes de esta despiadada maraña de asesinatos y corrupción. Estás instituciones han demostrados internacionalmente su incompetencia en casos como la matanza de Acteal, en Chiapas; la represión en San Salvador Atenco, en el estado de México; la matanza de los 43 de Ayotzinapa, Guerrero o recientemente, el pasado 19 de marzo, el secuestro y asesinato de tres estudiantes de cine en Tonalá, Jalisco. Marco, Daniel y Javier fueron disueltos en ácido y reconocidos por medio de pruebas de ADN, indicó Raúl Sánchez Jiménez, Fiscal de Jalisco.

¿Tiene realmente un Fiscal la autoridad necesaria al hacer declaraciones? No en sentido literal, es decir, desde luego alguien como el ex Fiscal José Murillo Karam la tuvo con una dudosa “verdad histórica”, sin embargo, ¿su autoridad fue la suficiente como para que sea creíble? En lo absoluto. La historia de la Fiscalía en México está repleta de mentiras, favoritismo y más corrupción.

Entonces ¿qué sentido tiene pagar una institución tan cara como la PGR que no da resultados concretos? ¿Por qué creer lo que dice la autoridad?

Los casos ya mencionados y otra decena de ellos, dejan a los mexicanos en un estado de decepción, frustración, apatía y escepticismo. La relación entre el pueblo y el gobierno es parecida al de un matrimonio fallido ¿importa lo que dice él o ella si ya no se le quiere? Claro que no, no importa en absoluto. Aunque las fiscalías intenten hacer un trabajo honesto y con responsabilidad, el pueblo les creerá una ínfima de sus versiones oficiales. Tal es el caso de Omar García, activista conocido El 44, uno de los alumnos de la escuela Raúl Isidro Burgos asesinados por elementos policiacos el 26 de septiembre de 2014. El 44 sobrevivió a esa matanza y asegura con respecto al triple asesinato en Jalisco: “¿Hacia dónde vamos con todos estos problemas de derechos humanos? El domingo hubo un debate presidencial, y ninguno de los candidatos habló de las víctimas. Parece que se repite un círculo. No es por cerrado ni por necio, pero desde Ayotzinapa, yo desconfío y soy escéptico de las revelaciones de la Fiscalía”; asegura que las conclusiones y metodología son un reflejo de lo que sufrieron las familias de sus amigos muertos en Ayotzinapa; de nuevo la Fiscalía, en sus incompetencia y cooperación con el narcotráfico, crea otra verdad histórica, carente de objetividad y metodología.

En 2018, los mexicanos vivimos en un país gobernado por una paranoia colectiva en donde todos se tienen que cuidar de todos, nadie confía en nadie, y uno ve por uno mismo. Sí, el problema es la violencia, pero la violencia no viene sólo del narco o los criminales, la violencia surge del propio sistema, de los gobiernos, de los presidentes municipales, de los gobernadores, del presidente, de su corrupción, de sus tratos, de sus amistades, de sus negocios heredados. Empero, el mexicano no siempre ha visto por sí mismo, nos caracterizamos por ser un pueblo unido y solidario con el prójimo desde siempre, nos están volviendo así. Si estamos separados, estamos destruidos; ya lo dice el mantra de nuestro país: Estados Unidos Mexicanos.

Michio Kaku habla de la posibilidad de que, en un futuro, se ataque el cáncer con nanotecnología. Atacar célula por célula, sin perjudicar a las células sanas. Esa misma lógica puede aplicarse en nuestro país y erradicar el mal desde adentro. Confiar en la Fiscalía será el último paso, será el diagnóstico social el que se encargue de dárnoslo a conocer; uno mismo lo sabrá, cuando no te de miedo caminar por la calle o subirte al transporte; cuando sepas que denunciar un delito no será un completa pérdida de tiempo, o que saldrás amenazado o muerto.

 

Gx3

Previous “EL BRONCO”, A FAVOR DE PENA DE MUERTE
Next Muere el actor mexicano Gregorio Casal