EL CHAPO, CIENFUEGOS, TAFIL, REBROTES… RIESGOS QUE CORRE AMLO CON SU ESCUDO PROTECTOR Por Juan Bustillos


Por Juan Bustillos

El presidente López Obrador ha definido a la conferencia de prensa mañanera como su escudo protector, pero también es uno de los principales riesgos que corre de lunes a viernes.
De los dos primeros días de la semana lo más recordado de la mañanera es su disculpa a Archibaldo Guzmán por llamarle “Chapo”, cuando el apodo sólo significa chaparro, que dependiendo del modito en que sea usado, tiene connotación negativa o no.
Para no caer en confusión ni en especulaciones, digamos que la disculpa sorprendió porque en el léxico presidencial el uso de sobrenombres es común.
Se ha vuelto lugar común escucharlo decir Riquín, fifís, inmundos, etcétera, para descalificar a quienes discrepan de sus políticas o se le oponen abiertamente; de igual manera utiliza términos como pasquín, corrupto, neoliberal, neoporfirista y otras lindezas para referirse a medios de comunicación que se atreven a criticarlo.
Más allá del significado de la disculpa presidencial al señor Guzmán Loera, importan algunas de las perlas más recientes de López Obrador en la Mañanera, como su discrepancia con sus científicos y técnicos de cabecera en materia de pandemia del coronavirus. Ya nadie sabe si hay rebrotes en el país como lo sugieren Hugo López Gatell y José Luis Alomía, si debemos hablar sólo de heraldos de los rebrotes, como dice Jorge Alcocer, o si de plano no existen, según los datos de López Obrador.
Igual de importante fue la instrucción que tomó de sorpresa al general secretario Cresencio Sandoval y Marcelo Ebrard de mantener la boca cerrada en el caso del general Salvador Cienfuegos porque él y nadie más podrá hacer declaraciones en torno al caso del ex secretario de la Defensa Nacional de Enrique Peña Nieto, preso en Estados Unidos por vinculación al narcotráfico.
Las razones del presidente para ser el único vocero del caso Cienfuegos, aunque Marcelo Ebrard pueda explicarlo con mayor precisión, es evitar manipulación de la información. Por ello que todas las mañanera nos recetará una dosis de Tafil, según dijo, porque “me van a estar escuchando a mí, que hablo despacito y no de corrido, y me como las “s”.
¿Cómo impedirá que de ahora en adelante sus detractores le endosen el apodo de “el tafil” sólo por molestarlo?
Hablar implica un riesgo, sobre todo si se improvisa, como el presidente suele hacerlo para abordar cualquier tema, aún de los que no tiene la mínima información.
Más que su escudo protector, la conferencia mañanera ha sido a lo largo del sexenio el acto de gobierno más importante del día a día, razón de más por la que el presidente debe cuidarse de contradecir abiertamente a algunos de sus colaboradores en un tema que no domina porque requiere preparación profesional de la que carece, u ordenarles a otros cerrar la boca para evitar contradicciones que den paso a la manipulación periodística de la información, según su concepción.
Quizás hoy aproveche la mañanera para desmentir a la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, quejosa de que en las madrugadas, de 6 a 7 de la mañana, es objeto de los misóginos del gabinete de seguridad que solo por ser mujer no toman en cuenta sus opiniones.

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