PARA QUÉ SIRVE UN DIPUTADO


Por Juan José Rodríguez Prats

Caminando por el IV Distrito Federal Electoral de Chiapas, he percibido que la ciudadanía no sabe bien a bien para qué sirve un diputado. Este problema de origen, agregado a que los aspirantes prometen todo sin definir las funciones que habrán de asumir en el cargo, es lo que provoca el desprestigio del representante popular.
En sus memorias, Barack Obama menciona un proverbio: “Ser representante es como intentar saciar la sed con el agua que emana de una manguera de bomberos”. En otras palabras, ni los políticos ni la ciudadanía, a pesar de la larga vigencia en un sistema de división de poderes, han tenido claro para qué sirve un diputado federal. La literatura es riquísima. Cicerón aportó muchas reflexiones sobre el tema, los ingleses perseveraron en ir conformando el Parlamento, la institución más difícil de una democracia.
Ante esta situación, he asumido, no sin grandes esfuerzos, explicar a mis posibles votantes, las tareas que, de obtener el cargo, intentaré realizar. La gestoría ha sido totalmente distorsionada y se cree que el diputado dispone de un amplio presupuesto que puede ejercer con discrecionalidad.
Por otra parte, los candidatos se desbordan en promesas de hacer leyes para resolver todos los problemas, con una clara ignorancia del Derecho. Por ello, me he abocado a hablar de la Cámara de Diputados —bien definida por Manuel Herrera y Lasso— como una caja de resonancia de la problemática nacional. Acudo también a uno de nuestros grandes parlamentarios, Ignacio Ramírez, El Nigromante: “Pero en el siglo de los desengaños, nuestra humilde misión es descubrir la verdad y aplicarla a nuestros males los más mundanos remedios”. Apelo también al chiapaneco Belisario Domínguez, su intento de pronunciar un discurso que afortunadamente se conserva, cumplió su noble misión y mostró el rostro de la ilegalidad en el espurio gobierno de Victoriano Huerta.
Insisto en que la falla más importante de nuestro sistema político es la de carecer de equilibrios, de contrapesos y de rendición de cuentas en el ejercicio del poder. Y ahí es en donde está el principal trabajo de un diputado, en detectar las necesidades de sus representados para exigir al Poder Ejecutivo un buen desempeño. Eso es lo que los Lores y los Comunes ingleses exigieron a Juan sin Tierra en 1215 y lo que las 13 colonias norteamericanas demandaron, lo cual llevó a la proclamación de su independencia en 1776.
Eso es lo que procuro explicar: la función más importante de un legislador es el equilibrio en el ejercicio del poder. El jurista Diego Valadez llega a afirmar que, más que Poder Legislativo, debería llamarse contrapoder.
Woodrow Wilson, gran teórico del parlamentarismo, insistía en que la tuberculosis y la política tienen el mismo remedio, a la luz del sol y al aire del día. Hablaba también de que en una ocasión vio a un irlandés escarbando a orillas de su casa y al preguntarle qué hacía éste contestó lacónicamente: “estoy permitiendo que salga la oscuridad del sótano”. Esa es la misión primordial de un diputado: hacer más pública la vida pública. El representante popular es fundamentalmente un censor, su tarea permanentemente es la censura.
El Poder Legislativo en México pocas veces ha reunido dos virtudes: independencia y calidad. Efectivamente, a partir de 1977 se terminó un largo periodo de sometimiento al perder el PRI la mayoría simple. Desafortunadamente, la segunda virtud ha estado ausente. He ahí la tarea.
Para mi beneplácito, percibo que entienden esto que intento explicar. Con toda satisfacción creo que es un buen inicio.

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