PELIGRA EL PACTO FEDERAL


Por Juan Bustillos

El lunes 16 de octubre de 2020 será histórico para el país y de pesadilla para el presidente López Obrador. La reacción de una decena de gobernadores a las decisiones centralistas de su gobierno podrían conseguir que la Cuarta Transformación pase a la historia de manera diametralmente opuesta a sus sueños, como una etapa de regresión a lo peor del Siglo XIX.
Por primera ocasión desde que en 1824 los federalistas se impusieron a los centralistas, un grupo de gobernadores advierte la posibilidad de rompimiento del Pacto Federal que mantiene unidas a las 32 entidades que forman los Estados Unidos Mexicanos.
Los integrantes de la Alianza Federalista, Silvano Aureoles, de Michoacán, Jaime Rodríguez, de Nuevo León, Javier Corral de Chihuahua, Diego Sinhue Rodríguez, de Guanajuato, Enrique Alfaro de Jalisco, Miguel Riquelme, de Coahuila; José Ignacio Peralta, de Colima, y José Rosas Aispuro, de Durango, y Francisco Cabeza de Vaca, de Tamaulipas, coincidieron en culpar al presidente López Obrador y a su gobierno de orillar a las entidades y a los municipios al rompimiento del Pacto Federal.
Imposible vaticinar el desenlace de este desencuentro de una tercera parte de los gobernadores con el gobierno central. Sin duda escucharemos en la mañanera todo tipo de adjetivos, descalificaciones, quizás hasta carcajadas o quizás se les pague con desdén, pero el presidente López Obrador no debe desestimar las repercusiones de la rebelión de mandatarios estatales, sin antecedente reciente, que puede ser sofocada sólo con política y diálogo, no con amenazas ni uso de la fuerza.
Los gobernadores hablan abiertamente de despojarse del miedo ante la indiferencia y cerrazón del gobierno central, de la concentración de poder que sobrepone una visión particular a los intereses de la sociedad y de la puesta a prueba del carácter de cada región pues podría sobrevenir una confrontación innecesaria.
No son ganas de dramatizar, pero más que tomarlo como politiquería, juego de fuerzas entre mandatarios estatales con orígenes partidistas distintos al suyo, o como estrategias electoreras, el consumado lector de la historia patria que es el presidente debería preguntar al gobernador de Jalisco si cuando dijo que ningún estado libre y soberano que tenga un mínimo de dignidad puede seguir siendo parte de una Federación cuando el Gobierno de la República lo ignora, ataca, insulta y le quita lo que le pertenece, tenía en su pensamiento a su antecesor Prisciliano Sánchez, cuando Jalisco, Nayarit y Colima integraban una unidad federativa.
Enrique Alfaro le puede platicar de “El Pacto Federal de Anáhuac”, escrito por el primer gobernador de Jalisco; también que el 21 de junio de 1823 la Diputación Provincial publicó el Plan de Gobierno Provisional que dio pie a que la provincia de Guadalajara se convirtiera en el estado libre de Jalisco, el primero en el país, y que como consecuencia de aquella lucha perdió el territorio de Colima y por poco le es cercenado el de Zapotlán El Grande.
Han pasado casi 200 años de la instalación del Congreso Nacional que aprobó el 31 de enero de 1824 el Acta Constitutiva Federal y la juro el 7 de febrero. ¿Qué razón hay para que dos siglos después del nacimiento de la República Federal pongamos en riesgo el sistema que no necesariamente copiamos de Estados Unidos?
Dispuesto a pelear con España y El Vaticano por los pueblos originarios, el presidente debe saber que el origen de nuestro federalismo se puede encontrar en el “Pacto de Izcóatl”, es decir, la federación de Anáhuac, conocida como hueytlahtocáyotl y formada por Tenochtitlan, Tezcoco y Tlacopan, que mantenía unidos a 38 señoríos, o en la integrada por Tlaxcala, Cholula y Huejotzingo.
Pero más allá de debatir si en materia de federalismo mexicano primero fueron los pueblos originarios de lo que hoy es México o las 13 colonias anglosajones que se convirtieron en EU, lo que importa es cómo recibe López Obrador el desafío de la Alianza Federalista. No se trata de una versión del Frenaaa, sino de la tercera parte de los gobernadores que dicen pelear, en tanto no se les compruebe lo contrario, sólo por lo que el gobierno central les regatea.
Podríamos extendernos hablando de historia y de cómo fue que la lucha entre federalistas y centralistas costó a México la mitad de su territorio norte y dejamos de ser vecinos de Panamá, pero a pesar de las amenazas de rompimiento del Pacto Federal quiero pensar que en el ánimo de los 10 gobernadores en rebeldía no hay escisionismo y que el gobierno central no tendrá que recurrir a la fuerza para evitarlo.
Quizás algunos de los pocos moderados que aún están cerca del presidente lo convenzan de que la política también es el arte de escuchar y no traicionar a a historia.

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