1 MILLÓN DE CASOS; 100,000 MUERTOS


Por Roberto Cruz

A pesar de la insistente declaración, casi diaria, del Presidente López Obrador y el responsable de la estrategia, López-Gatell, de que la pandemia en México va a la baja, los enfermos y las defunciones desmienten su optimismo
Gracias a la elemental visión del doctor Hugo López-Gatell, México registra nuevos “escenarios muy catastróficos”.
Lejos queda cada vez más aquella preocupante advertencia de los 60,000 muertos de Covid-19. Tan lejos como 40,000 muertos más.
La trágica presencia del Covid-19 en México, como en el resto del mundo con consecuencias similares, se ha dosificado según el cambiante diagnóstico del equipo que conduce las conferencias nocturnas en Palacio Nacional, principalmente el subsecretario de Salud López-Gatell y José Luis Alomía, director general de Epidemiología.
Hugo López-Gatell, subsecretario de Salud, ha llevado sobre sus hombros durante casi nueve meses los contrastes y controversias sobre los efectos de la pandemia en México.
En la casi media docena de etapas en que hemos paliado los mexicanos el nuevo coronavirus, destacan varios momentos, entre ellos, las fases 1, 2, 3 y 4, la sana distancia, la “nueva normalidad”, el “semáforo sanitario”, la “fase” o “Lado ‘B’” (que nunca se definió), y otras tantas.
La última, por decir hasta ahora, y que reviste la verdadera esperanza -no aquella de la “luz al final del túnel”, repetida una, y otra, y otra, vez, pero inalcanzable-, la llegada de la vacuna, pero que inevitablemente se tendrá ya para comenzar a aplicarse hasta principios del año que entra, si bien nos va.
Luego de casi nueve meses de pandemia reconocida oficialmente -porque antes del 29 de febrero al Gobierno Federal, en boca del doctor López-Gatell, el Covid-19 no les hacía ni cosquillas-, con sus respectivos asombros, preocupaciones, vuelcos, correcciones, ficciones, mentiras, de parte de quienes manejan y manipulan la información que obligadamente deben hacer pública, siempre y cuando no dañe la reputación de la 4T (¿infodemia gubernamental?), los mexicanos nos hemos ido familiarizando con un espectro de muerte diaria.
A medida que se engordan las cifras, se acumulan los casos y los muertos, aprendemos a convivir con ellos, los otros, los nuevos, no con los que estábamos acostumbrados a compartir hasta alimentos cada 2 de Noviembre, sino con los que López-Gatell y Alomía nos tiran como sepultureros todos los días en racimos de 300, 400, 500 y 600, aunque no sean del mismo día (pues lo dijimos y lo dijeron, “muertos están”), según bajen o suban sus curvas; se aplane la meseta, o se “dome” (dice el Presidente) la pandemia.
Solo recordemos la confesión (literal) del Presidente López Obrador el 12 de mayo (hace seis meses y tres meses después de nuestro primer muerto por Covid-19):
“Yo les confieso que hace un mes y medio (28 de marzo) que estaba en Baja California, en Tijuana, recibí un informe en el sentido de que teníamos que tomar decisiones con urgencia porque podíamos ser rebasados, y a partir de ahí se le empezó a llamar a la gente”.
Vaya, con esa parsimonia los muertos se nos iban a subir como hormigas. Como ocurrió.
Pero ya con números en la mano, López-Gatell nos hizo temblar de miedo aquel 4 de junio: “En ese informe que se presentó aquí el mínimo (de decesos) era de 6,000, otro era de 8,000, otro era de 12,500, que lo presentamos en una conferencia el 27 de febrero, y teníamos otro hasta 28,000 (defunciones), que se redondea a los 30,000, e incluso un escenario ‘muy catastrófico’ que podía llegar a los 60,000”.
Ni lo hubiera dicho, en esas fechas instituciones internacionales se atrevieron a desafiar el ya de por sí desafiante mal augurio de López-Gatell prediciendo que el funcionario mexicano podría incluso ser rebasado por la realidad que se avecinaba, aduciendo que podríamos llegar para fin de año a los 85,000 casos.
Pues bien, la realidad rebasó a los dos.
Salir avante de una pandemia nunca ha sido sencillo. En sus saldos históricos el mundo lo ha comprobado.
En esta ocasión hasta el país más poderoso del planeta, Estados Unidos, ha sido afectado enormemente. Y más que echar la culpa a un pasado inmediato o mediato, todo tiene que ver con la estrategia que se elija, pero más con la actitud que se tendrá ante la población que se representa.
Si ante la dimensión de la enfermedad lo primero que se hace es aparentar ser el gobierno más eficaz del mundo, la cosa comienza mal.
Hacer premoniciones que luego son rebasadas en un 1,000 por ciento, pues habla no de un mal cálculo, sino de mentiras pensando en quedar bien con un trabajo que no ha concluido.
Más aun, en el mundo entero solo el gobierno mexicano ha pretendido sacudirse el peso trágico de una pandemia incontenible culpando al neoliberalismo.
Con una declaración repetida hasta el cansancio, el Presidente López Obrador pretende aminorar, aquí sí, el escenario catastrófico: “Se está derrumbando el modelo neoliberal, porque eso es lo que está pasando, el coronavirus precipitó la caída de un modelo fallido. Por eso la crisis mundial, en todo sentido”.
Insistimos, en ningún país del mundo para paliar los efectos de la pandemia se alude a los saldos del pasado. Hacerlo demerita el trabajo de cara a la sociedad, la engaña. El resto es propaganda con la más pura demagogia.
Además, la pandemia de Covid-19 golpeó y tumbó todos los escenarios económicos, neoliberales, liberales y tutifruti.
Allá a finales de mayo, López Obrador recurrió a una excusa.
“Tan bien que íbamos, y que nos cae la pandemia”.

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