¿Quiénes sufrirán a largo plazo las consecuencias de la pandemia?


Por Aquetzalli Miranda

Los contagios se han disparado, la capacidad hospitalaria está rebasada, las defunciones aumentan, el caos se escucha y se ve por todos lados, y no solo en nuestro país, sino el mundo entero se vuelca en torno a la pandemia del COVID-19 y a los efectos que ha tenido en nuestra vida cotidiana.
Uno de los sectores que menos son mencionados en esta caótica situación son los niños y adolescentes, quienes, por no ser los “directamente afectados” por la pandemia, pareciera que pasan a segundo término, pero es precisamente este sector en quienes las consecuencias serán más severas.
Por ejemplo, en términos educativos los efectos son terribles: la educación a distancia que pretendían subsanar la falta de clases presenciales fue un fracaso, pues millones de niños no cuentan siquiera con internet. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2019, realizada por el INEGI, apenas el 43% de la población (49.4 millones) tiene una computadora; proporción menor en 2 puntos porcentuales respecto al 2018; es decir, que ni la mitad de la población cuenta con esta herramienta indispensable para el desarrollo de las actividades académicas de estos niños y adolescentes en la actual contingencia, y lo peor es que vamos en retroceso.
La encuesta también refleja que hay 20.1 millones de hogares que disponen de Internet (56.4 del total nacional) ya sea mediante una conexión fija o móvil; esto es importante, pues poco más de la mitad de los hogares mexicanos hacen uso de este servicio sobre el que recae la educación de los niños y adolescentes en estos momentos, por lo que el 43.6% restante debe buscar acceso en los sitios públicos, lo que genera que la capacidad sea de baja calidad e insuficiente para desarrollar las actividades que nos exigen estos tiempos; sin contar con que deben hacerlo a través del celular, dispositivo en el que muchas veces no se pueden realizar las mismas acciones que en la computadora.
En lo que respecta a la televisión, coloquialmente se dice que no hay hogar mexicano que no cuente con este medio de comunicación; sin embargo, aunque los televisores son bienes de mayor penetración en los hogares, los datos de la ENDUTIH reflejan que solo el 76.5 % de los hogares cuenta con un televisor digital. Nuevamente un sector importante queda fuera del alcance de este medio de comunicación (23.5%) y más grave es aún, cuando las clases para los niños esencialmente fueron a través de este medio.
Todo esto refleja las dificultades a las que se han tenido que enfrentar las familias con niños y adolescentes menores de 14 años. Lo que deja en claro que no todos tienen las mismas oportunidades de superación académica.
Respecto a la situación económica, la UNICEF México en coordinación con el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo con Equidad (EQUIDE) de la Universidad Iberoamericana de México y la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), levantaron la Encuesta de Seguimiento de los Efectos de la COVID-19 en hogares con niñas y niños (ENCOVID19 Infancia), que brinda los siguientes datos: de mayo a julio de 2020, la ENCOVID19 Infancia muestra que el 71.1 % de los hogares con niños o adolescentes reporta tener menos ingresos que antes de la cuarentena. Además, 41.8 % de los hogares con población infantil reportan una caída de 30 % o más en su ingreso familiar y, por si esto no fuera suficiente, 35.2 % de los hogares con niñas, niños o adolescentes reportan que uno o más de sus integrantes perdió su fuente de ingresos entre febrero y junio de 2020.
Los problemas económicos en los hogares con población infantil y adolescente tienen repercusiones en los niveles de seguridad alimentaria, que pasó de 27.8 % en mayo a 21.1 % en julio; es decir, en 1 de cada 3 hogares con niños se padeció hambre por falta de recursos.
El estudio indica también que solo 3 de cada 10 hogares con niñas, niños o adolescentes reciben apoyo de algún programa de bienestar; por ejemplo, solo el 14.2 % de esos hogares reciben la Beca Benito Juárez, porcentaje extremadamente bajo, considerando además la situación extraordinaria que se enfrenta.
A pesar de este panorama y caos que vivimos por la emergencia sanitaria, las autoridades no solo no tienen un plan para controlarla, sino que estamos en riesgo de empeorar en estos días por la temporada; desde el inicio de la crisis, no han tomado medidas serias en el asunto de los niños y adolescentes que sufrirán las consecuencias a corto, mediano y largo plazo.
Los niños y los adolescentes sufren estrés, violencia intrafamiliar, carencia de alimentos y exclusión en las actividades académicas por la situación económica de sus familias y, por tanto, también tendrán que enfrentar las consecuencias que esto acarreará en su desarrollo físico, emocional y profesional.
Muchos se mantienen con una educación deficiente o han tenido que renunciar ya a ella, por falta de condiciones materiales como internet o la computadora, lo que inevitablemente hace que las consecuencias negativas de este caos que vivimos perduren mucho tiempo más.
Ante esto, necesitamos hacer conciencia de la situación que viven nuestros niños y adolescentes y trabajar en consecuencia para exigir verdaderos programas que vayan al fondo de esta terrible situación y se corrija de raíz, pues, de no hacerlo, ellos sufrirán las consecuencias de la pandemia a corto, mediano y largo plazo. Es obligación de las autoridades en turno, instrumentar verdaderas estrategias que reactiven la economía del país y medidas que ayuden a estas familias a remontar también su situación económica, sobre todo de la población que no cuenta con un ingreso fijo, para que se desencadenen las mejoras en salud y educación que tanto se requiere en este sector de la población. Es urgente un plan integral que contribuya a mitigar los efectos de la pandemia en nuestros niños y adolescentes, pues, aunque suene a “cliché”, ellos son el futuro de nuestra sociedad y debemos cambiar su realidad.

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