NO NOS CALLARÁN


Por Lisa Mendiolea

Hablar de la mujer en México, es como referirse a una lucha constante, un desaire marcado y una angustia perenne.
A lo largo del que podríamos considerar el “México moderno, la mujer es culpable de luchar por la igualdad, de alzar la voz, de liderar una lucha sin armas.
La historia, esa historia escrita por los varones, nos hace ver la necesidad – imperiosa y urgente – de protagonizar otro tipo de batalla, que permita pasar de la culpa a evidenciar la violencia de que somos objeto.
Para ello, la estadística puede significar un apoyo – cruel y atroz – pero apoyo a final de cuentas que haga que emerja una sola voz en este país donde más del 50% de habitantes somos mujeres.
Hablar de que 70 mujeres son violadas a diario, de que 3 mil 723 fueron asesinadas en el 2020, de que en el 2020 se registraron 940 feminicidios, nos hace entender que el problema es grave y las condiciones no son del todo halagüeñas si atendemos al hecho de que la Auditoría Superior de la Federación prevé que el feminicidio tenga su “expresión más extrema” en 2030, con un crecimiento anual de 9%, al pasar de 960 casos en promedio a 2 mil 477.
En este contexto, lo que ha hecho el presidente Andrés Manuel López Obrador, de querer ceñir las exigencias de las mujeres en un “movimiento orquestado” por sus enemigos, es burdo, por no decir que ingenuo o estúpido.
Y es el tiempo de levantar la voz, de endurecer la exigencia, de exigir congruencia de quienes se asumen como “feministas”.
Las fechas son las adecuadas: en Febrero: panel sobre las causas de la violencia; en Marzo: historias de víctimas de violencia de género; en Abril: encuentro con los candidatos para que, ante notario público, se comprometan a prevenir y atender la violencia de género en caso de llegar al puesto de elección popular; en Mayo: presentación de la agenda de las mujeres; en Junio: eventos como rodadas, carreras, marchas y un zumbatón.
Son las fechas propuestas por el colectivo 50+1.
Habrá que abonar a que todos los candidatos y los partidos respeten y apliquen el 3 de 3 contra la violencia de género, que se terminen los feminicidios o al menos que se investiguen y se castiguen, pero también deben regresar aquello que quitó el presidente: las estancias infantiles, los refugios para mujeres violentadas, los presupuestos a las instancias que atienden igualdad y violencia, el presupuesto para atender a mujeres con cáncer de mama y cervicouterino y los apoyos a proyectos productivos a mujeres rurales.
La marcha del 8 de marzo del 2020 fue un punto de inflexión y estoy segura que este Día Internacional de la Mujer será enorme, tan grande que en Palacio Nacional van a tener que sacar los pañuelitos blancos.
Es una batalla en busca de certidumbre, no una batalla para castrar retrógradas.

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