{"id":100280,"date":"2026-02-19T07:04:18","date_gmt":"2026-02-19T13:04:18","guid":{"rendered":"https:\/\/elinformante.mx\/?p=100280"},"modified":"2026-02-19T07:04:21","modified_gmt":"2026-02-19T13:04:21","slug":"un-camino-compartido-de-asistencia-y-existencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elinformante.mx\/?p=100280","title":{"rendered":"UN CAMINO COMPARTIDO: DE ASISTENCIA Y EXISTENCIA"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p><strong>Por: V\u00edctor Corcoba Herrero<\/strong><br>\u201cPrestarle apoyo al clamor de los miles de oprimidos, aparte de ser una necesidad, es un deber; para dar comienzo a una historia de liberaci\u00f3n, que no es un privilegio, sino un h\u00e1bito que ha de lograrse\u201d.<\/p><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">La vida, por s\u00ed misma, es un itinerario de apego a compartir con todo lo que nos rodea y hacia todo. Ojal\u00e1 recobremos este impulso donante, sin inter\u00e9s alguno, con docilidad y sentimiento aut\u00e9ntico. Lo sustancial es sustraerse de lo maligno para volver al espacio del verso que somos; si en verdad queremos retornar al torno de la quietud y crecer coraz\u00f3n a coraz\u00f3n, acrecentando los v\u00ednculos m\u00edsticos, que son realmente los que nos dan aliento y alimento para poder subsistir, dej\u00e1ndonos entrar en relaci\u00f3n l\u00edrica con nuestros semejantes. Esto supone reorientarnos continuamente, creando una mano de obra tan veraz como tenaz y una sociedad tan equitativa como humana. De lo contrario, nos hundiremos en la inhumanidad permanente y en el desorden deshumanizante continuo.<br><\/p>\n\n\n\n<p>El cambio al llamamiento siempre est\u00e1 ah\u00ed; lo importante es la escucha y el discernimiento. Hacerlo con pasi\u00f3n es ya un gran avance, m\u00e1xime en un tiempo en el que multitud de ni\u00f1os est\u00e1n obligados a vivir bajo tierra para sobrevivir a la guerra, o la afluencia de migrantes, refugiados y solicitantes de asilo que se enfrentan continuamente a violaciones sistem\u00e1ticas y generalizadas de derechos humanos, originando incesantes des\u00f3rdenes y violencias. Prestarle apoyo al clamor de los miles de oprimidos, aparte de ser una necesidad, es un deber; para dar comienzo a una historia de liberaci\u00f3n, que no es un privilegio, sino un h\u00e1bito que ha de lograrse. Ning\u00fan humano puede amar sus cadenas, aunque sean de oro puro; precisamos no ser esclavos y ser poes\u00eda; nunca poder, sino siervos.<br><\/p>\n\n\n\n<p>La pasividad es un mal fundamento vital. Quien no ha compartido la disputa, compartir\u00e1 la derrota. En efecto, somos caminantes de afectos, cultivados con n\u00edveo pulso. Proteger los andares y restaurarse de los tropiezos, requiere estar siempre en guardia, como un poeta, para no confundirnos de ritmos. Lo capital es dar prelaci\u00f3n, tanto a las personas como al planeta. Las gentes que participan y expresan sus sentimientos se adaptan mejor al deseo de ser aut\u00f3nomos, sabiendo ser justos. Ahora bien, debido a esa comuni\u00f3n de latidos, nadie puede ser perfectamente libre hasta que todos lo sean. Unirse y reunirse, por consiguiente, es fundamental; ya no solo para reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, tambi\u00e9n para que no se quede sin respuesta su llamada.<br><\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Triste \u00e9poca la nuestra! Es m\u00e1s f\u00e1cil descomponerlo todo que componer br\u00edos arm\u00f3nicos, quiz\u00e1s porque no activamos la caridad en nuestra propia casa y la justicia en la puerta de al lado. Personalmente creo, que nunca es tarde para reconstruirnos; empecemos por despojarnos de mundo, por abstenernos de utilizar vocablos o verter miradas que lastimen a nuestro pr\u00f3jimo. Tampoco hagamos juicios, cultivemos el abrazo como caricia y el acompa\u00f1amiento como misi\u00f3n, sobre todo ante tantos modelos explotadores, que nos dejan sin aire. Situar la justicia social en el epicentro de las agendas pol\u00edticas internacionales, nacionales y regionales; es un buen hacer para rehacerse como sociedad, ya que donde hay poca justicia es un peligro tener raz\u00f3n y adquirir recta conciencia.<br><\/p>\n\n\n\n<p>En suma, que todo parte de la estima y tiende al aprecio celeste, no a este coqueteo mundano que todo lo corrompe de falsedades y de comerciales pr\u00e1cticas, que nos amortajan hasta la ilusi\u00f3n de vivir y de injertarnos savia entre s\u00ed, incapacit\u00e1ndonos para entendernos y atendernos mutuamente. No olvidemos que auxiliando a los dem\u00e1s, descubrimos nuestra propia compasi\u00f3n. Este es un proceso que siempre est\u00e1 en camino: el amor de amar amor, jam\u00e1s se da por concluido y completado. De aqu\u00ed deriva, para toda la humanidad, el deseo de cooperar entre s\u00ed y de no caer en la desolaci\u00f3n, que suele originar la indiferencia y el abandono a quererse de verdad. Ninguna acci\u00f3n es m\u00e1s ben\u00e9fica y, por tanto, caritativa hacia al an\u00e1logo, que enamorarnos de la existencia correspondida.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: V\u00edctor Corcoba Herrero\u201cPrestarle apoyo al clamor de los miles de oprimidos, aparte de ser una necesidad, es un deber; para dar comienzo a una historia de liberaci\u00f3n, que no es un privilegio, sino un h\u00e1bito que ha de lograrse\u201d. 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