{"id":108562,"date":"2026-07-16T07:34:29","date_gmt":"2026-07-16T13:34:29","guid":{"rendered":"https:\/\/elinformante.mx\/?p=108562"},"modified":"2026-07-16T07:34:41","modified_gmt":"2026-07-16T13:34:41","slug":"el-encarte-de-pulsos-nos-une-el-descarte-de-latidos-nos-separa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elinformante.mx\/?p=108562","title":{"rendered":"EL ENCARTE DE PULSOS NOS UNE; EL DESCARTE DE LATIDOS NOS SEPARA"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p><strong>Por: V\u00edctor Corcoba Herrero<\/strong><br>\u201cLa peor enfermedad radica en entrar en contradicci\u00f3n interiormente; m\u00e1xime cuando el propio orbe tiene su naciente en nosotros. Dispong\u00e1monos a navegar mar adentro, que es donde se adquiere la influencia natural y su confluencia m\u00edstica. Por tanto, hay que dejarse querer para poder amar de verdad y no vivir sustentados por una mentalidad de miedo y duda\u201d.<\/p><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap wp-block-paragraph\">Nuestro af\u00e1n dominante, en lugar de ser generoso, consiste en sembrar ego\u00edsmo, para suscitar la desconfianza constante, tomando la desesperanza como atm\u00f3sfera; y, todo ello, disfrazado de cuentos interesados, con final guerrero. La mentira es nuestro gran proyecto colectivo. El coraz\u00f3n, por ende, tambi\u00e9n ha dejado de latir. Lo que percibimos en este momento es una tensi\u00f3n, fermento de la inhumanidad vertida, que nos deja sin m\u00e9trica y abandonados. Tanto es as\u00ed que la violencia y la persecuci\u00f3n contin\u00faan obligando a millones de almas a dejar sus hogares, mientras que las crisis clim\u00e1ticas, la inestabilidad econ\u00f3mica y la fragilidad pol\u00edtica multiplican sus miserias. Adem\u00e1s, con el timbre de la indiferencia, solemos dejar de lado que todos somos parte del poema viviente.<br><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En efecto, nos sobra demasiada coraza y nos falta coraz\u00f3n para ese encarte global incluyente. En el fondo, no se aprecia a la ciudadan\u00eda, ni a los ciudadanos como un valor primordial que hay que considerar y proteger, especialmente si son indigentes o discapacitados, si todav\u00eda no son \u00fatiles como los no nacidos o si ya no sirven, como las personas longevas. Por desgracia, nos hemos vuelto pasivos e insensibles ante situaciones exasperadas, propias de una existencia salvaje y no humana. Es cierto que muchas gentes apoyan el derecho a buscar seguridad; pero, simult\u00e1neamente, se preguntan si los sistemas de asilo son justos, eficientes o si est\u00e1n debidamente gestionados. No es suficiente tener buen ingenio; lo principal es emplearlo humanitariamente.<br><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin duda, nuestra gran asignatura pendiente pasa por avivar la po\u00e9tica del sue\u00f1o hogare\u00f1o a la vida en familia. Aislarnos entre s\u00ed, desde luego, es uno de los mayores tormentos actuales. La falta de requerimiento o acompa\u00f1amiento, adem\u00e1s, nos corrompe todos los v\u00ednculos, desmembr\u00e1ndonos de la l\u00edrica del sentimiento, que es lo que nos engrandece y recompone. El rechazo, lo que hace es volvernos soberbios e ingratos, demostrando as\u00ed que los hipot\u00e9ticos avances de la sociedad no son tan reales, ni tampoco est\u00e1n asegurados para siempre. Muchas veces se percibe que, fruto de este absurdo endiosamiento, los derechos humanos no son iguales para todos. En consecuencia, a poco que observemos con atenci\u00f3n los entornos, hallaremos contradicciones que nos dejan sin voz.<br><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La peor enfermedad radica en entrar en contradicci\u00f3n interiormente; m\u00e1xime cuando el propio orbe tiene su naciente en nosotros. Dispong\u00e1monos a navegar mar adentro, que es donde se adquiere la influencia natural y su confluencia m\u00edstica. Por tanto, hay que dejarse querer para poder amar de verdad y no vivir sustentados por una mentalidad de miedo y duda. Parad\u00f3jicamente, hay recelos ancestrales que no han sido superados a\u00fan, como la sospecha a lo desconocido, que no tiene por qu\u00e9 ser monstruosa. En consecuencia, abrirse al mundo y reabrirse a todo lo que nos rodea puede ayudarnos a que nuestros semejantes activen el esp\u00edritu que nos hermana y dejemos de levantar muros, que lo \u00fanico que forjan es amortajarnos de l\u00e1grimas y abatimientos.<br><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Indudablemente, el bien que hemos realizado nos da una satisfacci\u00f3n interior, que aparte de ser la m\u00e1s dulce de todas las pasiones, llegando a embellecernos nuestra propia mirada de sosiego y paz, nos pone en el camino de una forma nueva de vida, lo que nos har\u00e1 descubrir al fin, que nos debemos rec\u00edprocamente, m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras que hemos generado y de los frentes que hemos activado. El pararnos a o\u00edrnos, como el sentarse a escuchar al otro, todo ello caracter\u00edstico de un encuentro humano y del reencuentro consigo mismo, es un modelo de actitud receptiva que nos emplaza a buscar fusionados lo aut\u00e9ntico en el di\u00e1logo sincero, en la conversaci\u00f3n reposada o en la discusi\u00f3n apasionada. Lo importante es perseverar, nunca tirar la toalla, porque cada cual cohabita para sentirse poes\u00eda.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: V\u00edctor Corcoba Herrero\u201cLa peor enfermedad radica en entrar en contradicci\u00f3n interiormente; m\u00e1xime cuando el propio orbe tiene su naciente en nosotros. Dispong\u00e1monos a navegar mar adentro, que es donde se adquiere la influencia natural y su confluencia m\u00edstica. 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