{"id":19593,"date":"2023-02-13T12:40:52","date_gmt":"2023-02-13T12:40:52","guid":{"rendered":"https:\/\/elinformante.mx\/?p=19593"},"modified":"2023-02-13T12:40:53","modified_gmt":"2023-02-13T12:40:53","slug":"falta-de-sentido-profundo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elinformante.mx\/?p=19593","title":{"rendered":"FALTA DE SENTIDO PROFUNDO"},"content":{"rendered":"\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p><strong>Por V\u00edctor Corcoba Herrero<\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>A todo lo que nos circunda, los humanos tenemos que darle un sentido profundo, si en verdad queremos restablecer la concordia en el planeta. Mirarse a s\u00ed mismo, para verse y poder o\u00edrse, puede ser un buen est\u00edmulo para comenzar a reconocerse con sentido de responsabilidad. La primera batalla, sin duda, ha de ser la de propiciar un orden social fundamentado en la ecuanimidad. Lo prioritario radica en cultivar el amor hacia toda existencia, con una adecuada distribuci\u00f3n de los bienes, que nos ayude a levantar la cabeza y a esperar con ganas el nacimiento de un nuevo despertar. Nos merecemos disfrutar del momento, y para conseguirlo, no hay otro modo que amarse sin m\u00e1s. Todo esfuerzo, en este sentido, vale la pena. As\u00ed, los moradores de todos los pueblos, han de poseer un espacio para su propio desarrollo humano. Donde no tengamos necesidad de emigrar para realizarnos, donde trabajar dignamente para quedarse sin desesperarse, donde el ni\u00f1o pueda ser ni\u00f1o, el joven ser joven, y el mayor pueda donar su experiencia. No malgastemos ninguna etapa vivencial, que hay una ley de vida, que afirma que uno debe crecer participando. Compartir es una raz\u00f3n m\u00e1s para vivir, a mi juicio la \u00fanica en realidad.<br><\/p>\n\n\n\n<p>Lo que no es de recibo que multitud de menores sean obligados a casarse, con terribles consecuencias f\u00edsicas y psicol\u00f3gicas, interfiriendo en su proceso normal de recibir una educaci\u00f3n. A los adolescentes se les explote y adoctrine como jam\u00e1s, lejos de consolidar los cimientos del avance inclusivo y sostenible, con el que sue\u00f1an, a pesar de tener hambre de horizontes nuevos. O esos abuelos, que han alimentado nuestros primeros pasos, y que hoy se hallan abandonados de nuestra atenci\u00f3n. Esto no es amor, esto es no ser nada. Si acaso, una piedra m\u00e1s en el camino. Nos falta avivar su sentido profundo, de cercan\u00eda, compasi\u00f3n y ternura. Cuando el querer es aut\u00e9ntico lleva los labios del alma a la dulzura y a la verdad de la bondad. Lo mismo pasa cuando el afecto es verdadero, todo se vuelve m\u00e1s sociable y nadie cierra la puerta a la amistad. Para desgracia de todos, hemos de reconocer, que caminamos con una ceguera que arruina los pulsos de apego, con un malestar de locura terrible y tremenda. Sin embargo, cuando en medio de las adversidades persevera el latir de nuestros interiores, tenga la edad que se tenga, ganamos en serenidad al sentirnos acompa\u00f1ados, y esto s\u00ed que es un sentimiento de aprecio por anidar, mientras nos coaligamos en perenne renovaci\u00f3n.<br><\/p>\n\n\n\n<p>Renovarse o morir, como se comenta. En el fondo son las relaciones entre s\u00ed lo que da sentido hondo a la vida, lo que requiere implicarnos en los sufrimientos de los dem\u00e1s, comenzando por los que est\u00e1n m\u00e1s pr\u00f3ximos a nosotros, como valor esencial de la vida en com\u00fan. No olvidemos que formamos parte de un linaje, que ha de darse en continuidad a s\u00ed mismo, bajo el abecedario de la humildad y de disponibilidad a donarse. Esto tambi\u00e9n es amor de amar amor, o si quieren vida de entrega que nos fraterniza. Desde luego, esta pr\u00e1ctica de conjugaci\u00f3n de v\u00ednculos en la vida com\u00fan, exige sacrificios notables y demanda tanta generosidad como el ejercicio natural de un serio compromiso, al asentarse desvivido por el otro. El d\u00eda que la humanidad en su conjunto, active un solo latido en sus andares, lo que no significa uniformidad en la vestimenta, sino correspondencia penetrante en la visi\u00f3n mutua y en el acatamiento rec\u00edproco, habremos conseguido hermanarnos. Esta es nuestra gran asignatura pendiente, al movernos en el terreno de lo mediocre y en la falsedad permanente. As\u00ed no podemos superar los obst\u00e1culos que impiden que lo arm\u00f3nico nos gobierne. Es p\u00fablico y notorio, que donde hay concordia siempre hay florecimiento.<br><\/p>\n\n\n\n<p>Indudablemente, nuestra mayor esperanza, reside en descubrirnos como gentes de amor y vida. Laboremos esa identidad y labremos un porvenir en esta orientaci\u00f3n. La tarea no es f\u00e1cil, pero tampoco imposible, es cuesti\u00f3n de hacer justicia, de encender la paz sin violencia y el amor sin violaci\u00f3n alguna. Las guerras no pueden perpetuarse por m\u00e1s tiempo. Pongamos entra\u00f1as en espantarlas. Antes hagamos un concierto de latidos y ofrezc\u00e1moslo como recital de abrazos. Nunca es tarde para enmendarse y comenzar a reprenderse. Desterremos de nuestros movimientos cualquier lenguaje interesado. Esto nos lleva a rechazar el veneno del odio y a permitir que la esencia de lo que soy alcance su dimensi\u00f3n po\u00e9tica. Nada crece sin inspiraci\u00f3n. Que lo sepamos. Cuando el amor lo sea todo para todos, en su realidad viva, habremos conseguido que el silencio nos hable y que la soledad no exista para nadie. A esto quisiera invitar con este art\u00edculo, a practicar el coraz\u00f3n en suma y a ser poes\u00eda en medio de un mundo insensible. Con raz\u00f3n se dice, que la paciencia todo lo alcanza, y es cierto, en la medida que no desfallezcamos ante el fracaso aparente, sabiendo que hasta las cumbres borrascosas se esclarecen.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por V\u00edctor Corcoba Herrero A todo lo que nos circunda, los humanos tenemos que darle un sentido profundo, si en verdad queremos restablecer la concordia en el planeta. Mirarse a s\u00ed mismo, para verse y poder o\u00edrse, puede ser un buen est\u00edmulo para comenzar a reconocerse con sentido de responsabilidad. 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