{"id":60707,"date":"2024-08-05T06:26:36","date_gmt":"2024-08-05T12:26:36","guid":{"rendered":"https:\/\/elinformante.mx\/?p=60707"},"modified":"2024-08-05T06:26:37","modified_gmt":"2024-08-05T12:26:37","slug":"bajo-las-senales-de-alarma-los-signos-de-la-confianza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elinformante.mx\/?p=60707","title":{"rendered":"BAJO LAS SE\u00d1ALES DE ALARMA; LOS SIGNOS DE LA CONFIANZA"},"content":{"rendered":"\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p><strong>Por V\u00edctor Corcoba Herrero<\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>El mundo hierve, mientras sus moradores se mueven en la necedad del atropello mundano, lo que requiere hacer un alto en el camino, para poder repensar las diversas situaciones que padecemos. Encerrados en nuestros propios intereses mundanos, resulta ciertamente inhumano y deshumanizante la situaci\u00f3n, tanto colectiva como individual; cuando en realidad lo arm\u00f3nico es lo \u00fanico que nos embellece, al hacer de la propia existencia de cada uno, una asistencia para los dem\u00e1s. En efecto, hoy m\u00e1s que nunca, necesitamos silenciar las armas y que los trabajadores humanitarios puedan llegar a las personas necesitadas, para llevarles un poco de alimento y un mucho de aliento vital. Estimo importante actuar con urgencia, ya que el ahogo entre las gentes es tan cruel, que los donantes deben aumentar urgentemente su capacidad de auxilio. Por eso, cuando alguien te injerta en vena su amistad, siempre te quedas en deuda con \u00e9l. Salgamos, en consecuencia, de la neur\u00f3tica torpeza de no entregarse a nadie. Aunque amar duela, el amor es el que hace que seamos alguien y algo.<br><\/p>\n\n\n\n<p>Indudablemente, no existe una graf\u00eda m\u00e1s patente de debilidad que desconfiar instintivamente de todo y de todos. Es cierto que prevalecen las falsedades, debido en parte a la superficialidad con la que nos desplazamos, pero hay que utilizar todas las rutas posibles para el reencuentro interno y la conciliaci\u00f3n real. En efecto, cada d\u00eda son m\u00e1s las personas que requieren protecci\u00f3n y servicios b\u00e1sicos; a lo que hay que sumarle entornos que activen un alto el fuego y confieran paz, para mitigar los golpes entre an\u00e1logos. Por si fuera poco, a estas se\u00f1ales de alarma, hemos de sumarle tambi\u00e9n la nueva normalidad de los abrasadores golpes de calor, que suelen sufrir las personas vulnerables. Bajo este horizonte atroz, solo nos queda sumar fuerzas, hacer familia en definitiva, lo que conlleva en un tiempo de individualismo como el actual, descubrir el valor del amor y la valent\u00eda del cambio. No olvidemos que cada d\u00eda vivido es una transformaci\u00f3n, comenzando por uno mismo. Ahora bien, jam\u00e1s os fi\u00e9is del que nadie se f\u00eda. Al fin y al cabo, todos nos merecemos un hombro en el cual descansar.<br><\/p>\n\n\n\n<p>Los discursos siempre inspiran menos confianza que las acciones. Tal vez, por eso, quiz\u00e1s lo primero que tengamos que enmendar sea nuestro propio transitar por aqu\u00ed abajo, sobre todo en esta \u00e9poca en la que proliferan los deseos de poder y grandeza, descartando a muchos seres humanos. Reivindico, pues, la concordia universal. Dej\u00e9monos entonces de etiquetarnos, nos hemos globalizado para querernos, \u00a1no para repelernos! Al tiempo, desistamos de quemar etapas, ayudemos a que los ni\u00f1os puedan ser simplemente ni\u00f1os en espacios seguros para jugar, aprender, crecer y reunirse con sus amigos; y, a que nuestros mayores, activen la estaci\u00f3n reconciliadora, para poder divisar con ternura la luz que se expandi\u00f3 a pesar de las sombras. Se trata de crecer juntos. Por consiguiente, requerimos de una nueva alianza entre troncos diversos para no perdernos en clases y aborregarnos en g\u00e9rmenes. Con este intercambio fecundo aprenderemos a embellecernos, con la din\u00e1mica intergeneracional, reconstruyendo una sociedad fraterna sin muros que nos distancien y sin ego\u00edsmos que nos dividan.<br><\/p>\n\n\n\n<p>La familiaridad, y nada m\u00e1s que esta convicci\u00f3n an\u00edmica, puede reconducirnos a la certeza moral del saber estar en el propio ser de cada uno, para no empa\u00f1arnos de complicaciones y empe\u00f1arnos en observancias absurdas, que lo \u00fanico que hacen es martirizarnos, congel\u00e1ndonos la alegr\u00eda de morar viviendo, desvivi\u00e9ndonos por los dem\u00e1s. Sea como fuere, hace falta una acci\u00f3n diplom\u00e1tica y eficaz para reducir la tensi\u00f3n en el mundo. No podemos continuar con esta ruta de ataques permanentes. La historia no absolver\u00e1 a nadie y, m\u00e1s pronto que tarde, lo que empieza en cualquier parte del mundo se extender\u00e1 por el planeta. El gran est\u00edmulo del arrogante, precisamente, reside en que quiere ser la c\u00faspide dominadora, en lugar de optar por la entrega generosa del coraz\u00f3n, que es el que propaga el bien e irradia la bondad. Sin embargo, el gran impulso del humilde es su buena disposici\u00f3n a la benevolencia, al entendimiento cabal y a la consideraci\u00f3n hacia todo ser viviente. Aqu\u00ed es donde nace el fondo de humanidad, en el d\u00f3cil. Meditarlo toca entonces, para actuar acorde al ben\u00e9fico altruismo de la hospitalidad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por V\u00edctor Corcoba Herrero El mundo hierve, mientras sus moradores se mueven en la necedad del atropello mundano, lo que requiere hacer un alto en el camino, para poder repensar las diversas situaciones que padecemos. 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