EVO PUEDE PAGAR ASILO ASESORANDO A MORENA

Por Juan Bustillos

A riesgo de ser acusado de haberme cuartotransformado, creo que el Presidente López Obrador, el secretario Marcelo Ebrard y el subsecretario Maximiliano Reyes actuaron impecablemente ofreciendo y otorgando asilo a Evo Morales porque, sin duda, estaba en riesgo su integridad personal.
La acción humanitaria del gobierno mexicano encaja en la tradición histórica de nuestro país en materia de asilo. Resulta ocioso perder espacio y tiempo en una relatoría más que conocida y en detenernos a especular sobre la reacción de Donald Trump y de lo costoso que resultará para un gobierno en austeridad mantener su tren de vida y garantizar su integridad física, pero no nos equivoquemos; la generosa actitud del gobierno mexicano, que ya ha servido para una previsible y tupida crítica, pero también para distraer a la opinión pública, no debe ocultar el riesgo de que el ex mandatario de Bolivia termine convertido en asesor de la Cuarta Transformación dada su larga experiencia en encontrar fórmulas leguleyas para acomodar las circunstancias a sus ambiciones de perpetuidad política.
Bien pueden en Morena contratarlo para ofrecer cursos de cómo burlar los controles constitucionales para justificar la reelección eterna. El gobernador de Baja California, Jaime Bonilla, podría ser su primer cliente.
Ya en serio, recordemos que antes de recibir la recomendación de renunciar por parte del comandante del ejército boliviano, Williams Kaliman, es decir, previo a consumarse el golpe de Estado, un alto porcentaje de sus gobernados lo repudió. No el día en que se le cayó el sistema de cómputo electoral para romper el empate con su competidor por la Presidencia, sino cuando los electores rechazaron el referéndum que le permitiría una cuarta reelección.
Ya entonces estaba claro que había hartado a un porcentaje mayoritario de los bolivianos. Fue entonces que por segunda ocasión acudió al Tribunal Constitucional, cuyos magistrados fueron colocados por su partido para conseguir la resolución de que impedirle ser candidato una vez más equivalía a atentar contra sus derechos políticos.
Una chicanada jurídica como las que permitieron sus anteriores reelecciones.
En octubre de 2008, el Congreso boliviano aprobó las modificaciones constitucionales que le permitían la reelección por sólo una ocasión. Meses después, sus paisanos aprobaron la nueva normatividad. Las crónicas locales hablan de muertos en los encontronazos entre sus seguidores y sus opositores.
Sería injusto hablar de una puesta en escena, pero con ese logro, Evo, incluso, derramó lágrimas, pues 4 años más en la Presidencia le permitírían cumplir su promesa de “refundar” al país. Prometió, entonces, que una vez concluida la transformación de Bolivia regresaría a casa a seguir cosechando hoja de coca.
Todo quedó planchado para extender su gobierno hasta 2014 después de postularse por segunda ocasión en 2009.
El poder, dice López Obrador, marea a los inteligentes y enloquece a los tontos.
¿Qué es Evo? ¿Inteligente o tonto? No lo sé; quizás, simplemente, se encariñó con el oropel del poder; lo cierto es que después de ocho años en la Presidencia decidió quedarse otra temporada, cuatro años más. La refundación de Bolivia bien merecía el sacrificio.

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