El histórico grupo propietario de Los Angeles Lakers vendió el 17.8% que aún conservaba y puso fin a su vínculo accionario con la franquicia.
La familia Buss dio el último paso para salir de la propiedad de Los Angeles Lakers al vender su participación restante del 17.8% a los nuevos dueños de la franquicia, encabezados por Josh Kushner y Bob Iger.
La operación ocurre después de que ambos empresarios cerraran la compra de los Lakers por una cifra estimada en 12 mil 500 millones de dólares, una de las transacciones más importantes en la historia del deporte profesional y que marca el inicio de una nueva etapa para la organización angelina.
A través de un comunicado difundido por ESPN, la familia Buss explicó que decidió vender las acciones que permanecían dentro del Buss Family Trust. Aunque aseguraron que continuarán apoyando al equipo y a la ciudad de Los Ángeles, consideraron que era momento de dar un paso al costado.
“Amamos a los Lakers, a los aficionados de los Lakers y seguiremos apoyando a Los Ángeles”, señaló la familia, al explicar su decisión de abandonar de manera definitiva la estructura accionaria de la franquicia.
La familia había conservado ese 17.8% después de vender el año pasado el control mayoritario de los Lakers a Mark Walter. Sin embargo, menos de un año después, Walter alcanzó un acuerdo para transferir la franquicia al grupo encabezado por Kushner e Iger.
Los nuevos propietarios destacaron el legado construido por Jerry y Jeanie Buss, además de expresar su intención de mantener a los Lakers como una de las organizaciones más importantes de la NBA. También aseguraron que buscarán competir al máximo nivel y fortalecer el vínculo del equipo con sus aficionados y con la ciudad de Los Ángeles.
Josh Kushner es fundador de Thrive Capital, firma enfocada principalmente en inversiones en empresas tecnológicas, mientras que Bob Iger, conocido por su trayectoria al frente de Disney, participa como asesor en inversiones relacionadas con marcas y activos culturales.
Con esta operación, la familia Buss pone fin a una etapa histórica al frente de los Lakers. Su salida representa un cambio significativo para una franquicia que durante décadas estuvo estrechamente ligada al apellido Buss y que ahora inicia una nueva era bajo sus nuevos propietarios.
 
 
 
 
 































