Diez árboles históricos de la CDMX reciben protección como Patrimonio Natural

Los ejemplares, ubicados en seis alcaldías, destacan por su valor ambiental, histórico y cultural, así como por su vínculo con comunidades y pueblos originarios.

El Gobierno de la Ciudad de México declaró Patrimonio Natural a diez ejemplares arbóreos ubicados en seis alcaldías, mediante nueve decretos publicados en la Gaceta Oficial, con el objetivo de garantizar su conservación y permanencia.

Los árboles se localizan en Benito Juárez, Coyoacán, La Magdalena Contreras, Azcapotzalco, Xochimilco y Tlalpan. Entre los ejemplares reconocidos se encuentran siete ahuehuetes, un cedro blanco, un olivo y un encino, considerados relevantes por su antigüedad, dimensiones, importancia ecológica y relación con la historia de las comunidades.

Entre ellos destacan “Ahuehuetlan”, en el Parque de las Américas; “Atlahuitl”, en Coyoacán; “Cedro de Padierna”, en La Magdalena Contreras; “Los Gemelos de San Álvaro”, en Azcapotzalco, además de “Molotla”, “Teuhtli”, “San Cristóbal Xallan” y “Tlalnahuac”, en Xochimilco. También se encuentra “Diamante Tepeximilpa”, un encino cuya antigüedad se estima en aproximadamente 400 años, ubicado en Tlalpan.

La Secretaría del Medio Ambiente capitalina, a través de la Dirección General del Sistema de Áreas Naturales Protegidas y Áreas de Valor Ambiental, será responsable de su protección y conservación mediante planes de manejo con criterios técnicos y ambientales.

Las declaratorias establecen un régimen especial de protección, que contempla restricciones para evitar intervenciones que puedan dañar troncos, raíces, copas o ramas, así como obras, excavaciones o instalaciones que comprometan la integridad de los ejemplares.

Además de su valor histórico y cultural, estos árboles contribuyen a la captura de dióxido de carbono y partículas suspendidas, regulación de temperatura, infiltración de agua de lluvia y conservación de fauna, entre otros servicios ambientales.

Con estas declaratorias, la Ciudad de México fortalece la protección de ejemplares que forman parte de la biodiversidad y, al mismo tiempo, de la memoria e identidad de sus comunidades, con miras a preservar este patrimonio para las próximas generaciones.

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