QUE LA ESPERANZA NO SE HAGA HUMO


Por Lorena Rivera

Este encuentro de dos semanas, sin temor a equivocación, ha generado grandes expectativas, como tener el reglamento del Acuerdo de París, el cual marcará la hoja de ruta a seguir.
Por ello, era lógico pensar que esta COP24 tomaría como instrumento estratégico el informe del IPCC sobre los impactos de un aumento de la temperatura global por arriba de 1.5 grados centígrados, el cual es la llamada final para detener una catástrofe climática irreversible.
De hecho, el informe por sí mismo fue bien recibido no sólo por las comunidades científica y ambientalista, sino también por líderes mundiales en octubre pasado, cuando se dio a conocer.
Pero esa esperanza se esfumó. El trabajo del panel de científicos que la conferencia del clima de 2015 encargó no fue bienvenido tan sólo por cuatro países, de más de 190: Estados Unidos, Arabia Saudita, Rusia y Kuwait.
No es de extrañar. Los cuatro conforman un eje que basa su desarrollo en la explotación de hidrocarburos, como lo son petróleo, carbón y gas. Y confirma el más grande de los temores de los delegados: que naciones titubeantes o reacias sigan los pasos de la administración Trump. Esto es una malísima noticia al término de la primera semana de negociaciones: descartar una investigación científica, porque hace terriblemente vulnerable la vida que habita el planeta.
La ciencia advierte que, de seguir por el mismo camino, llevaría a una subida de más de tres grados, lo cual se traduciría en desaparición de animales y plantas, pérdida de ecosistemas, fenómenos meteorológicos más mortales y devastadores, y niveles de los océanos más elevados, sólo por mencionar algunas consecuencias.
La vida humana cambiaría: más migraciones, guerra, pobreza, hambrunas, enfermedades y muerte.
Ese panorama no tan lejano es lo que se niega a ver el eje de los combustibles fósiles.
Tuve la oportunidad de platicar vía telefónica con Isabel Studer, directora ejecutiva de The Nature Conservancy (TNC) México, quien participa en algunas mesas de la COP24.
Me dice que, hasta ese momento, las señales eran mixtas entre los delegados. El optimismo que percibe moderado y se alimenta por un sentido de responsabilidad sobre los embates del cambio climático que afectan de manera desproporcionada a la población menos favorecida.
Pero las negociaciones a nivel técnico son complejas y como el balance del Acuerdo de París es tenue, comenta, se antoja más difícil llegar a consensos, no sólo por la salida de Estados Unidos, sino también por el cambio de posición de Brasil (el presidente electo, Jair Bolsonaro, es negacionista del cambio climático).
Desde su perspectiva, es una situación paradójica, pues hay retos de mucho dinero y esfuerzo para evitar el incremento de la temperatura, pero, al mismo tiempo, sí hay soluciones. En ese sentido, TNC impulsa 20 soluciones naturales climáticas en los sectores forestal, agrícola y costero, resultado de la investigación científica para ir más allá de la transición hacia energías limpias y así bajar las emisiones de GEI.
Studer explica que implementar esas soluciones reduciría hasta un 37% de las emisiones de GEI en el sector del uso del suelo.
Reforestar y evitar la deforestación ayudarían a ganar tiempo en lo que las renovables se consolidan como la fuente más importante de energía, agrega.
Resalta la bondad de invertir en agricultura de conservación y recuperación de manglares y humedales, las cuales son soluciones que no requieren demasiado tiempo ni dinero.
En el caso de México, dice Studer, las soluciones naturales climáticas traerían cobeneficios en la atención de la agenda de pobreza y desigualdad, seguridad alimentaria y disponibilidad de agua, mientras el país eleva su nivel de ambición en los compromisos adquiridos.
Es real, la acción climática no está peleada con el desarrollo, se pueden tener ganancias sin contaminar ni destruir el ambiente. Ojalá los negacionistas no terminen por boicotear la COP24. Ahí se requiere la determinación del resto del planeta.
Sería un éxito que las delegaciones y los pocos jefes de Estado que lleguen esta semana de definiciones, logren consensos y construyan un reglamento sólido para echar a andar el Acuerdo de París.
Y las naciones tienen, sí o sí, que aumentar el esfuerzo en sus contribuciones nacionales determinadas (NDC, por sus siglas en inglés), porque las consecuencias de no bajar las emisiones de gases de efecto invernadero serán mortales.
Si la COP24 termina como un encuentro de buenas intenciones, las generaciones futuras tendrán todo el derecho de echarlo en cara.

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