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LAS MENTIRAS DE NORBERTO RIVERA
Por Sanjuana Martínez

Próximo a su retiro forzado, el Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo primado de México, invoca el mea culpa y se rasga las vestiduras con golpes de pecho diciendo: “Yo no he protegido a ningún pederasta”.
Lástima. Su propio historial de protección a curas pederastas, lo desmiente. Y ante la presencia del nuevo nuncio apostólico en México, Franco Coppola, Arzobispo de Vinda, es necesario rescatar la memoria histórica para exhibir las mentiras del Señor Cardenal.
En su conferencia de prensa dominical, el Cardenal Rivera Carrera aseguro que todos son “inventos” seguramente de los periodistas que nos hemos dedicado a denunciar sus delitos:
“No falta quien invente que yo en determinado momento protegí, cuando en realidad aquel sacerdote ya está en la cárcel o retirado del ejercicio del ministerio”, dijo con una irónica sonrisa.
Habría que añadir que algunos de esos curas pederastas que él protegió, como el sacerdote Nicolás Aguilar, ya están muertos. Algunos dejaron esta vida impunes gracias a la protección que él les brindó.
Ahora nos enteramos, según afirmaciones del Cardenal, que “al menos unos 15 sacerdotes han recibido no solamente el juicio, sino sentencias”. Si así es, necesitamos esa lista para creerle, porque hasta ahora lo que tenemos es la lista de los curas pederastas que él ha protegido en la Casa Damasco y en la Fundación Rougier, dos auténticas guaridas de agresores sexuales con sotana que él convirtió en “clínicas para curar la pederastia” sin éxito alguno.
Dice Norberto Rivera Carrera que “afortunadamente” esas sentencias no las han tenido que aplicar ellos, sino el Papa en turno: “El Santo Padre es el que ha tomado las decisiones en estos casos tan dolorosos, porque sí han sucedido aquí en México”.
Desde luego, sabemos que es el Santo Padre quien ha tomado las decisiones. El Papa tiene conocimiento del historial de protección y “conspiración a la pederastia”, incluido en el expediente de la Corte Superior de California donde el Cardenal fue demandado por las víctimas del cura pederasta Nicolás Aguilar.
Recordemos que, por primera vez en la historia de la Iglesia Católica, los cardenales Norberto Rivera Carrera, de México, y Roger Mahoni, de Los Ángeles, fueron demandados por “conspiración a la pederastia” ante la Corte Superior de California por intercambiar de México a Estados Unidos y viceversa, al cura pederasta Nicolás Aguilar acusado de violar a más de 100 niños entre ambos país.
Afirma el Cardenal Rivera que durante su gestión de 18 años “siempre” ha habido “tolerancia cero” con los crímenes sexuales de los sacerdotes bajo su cargo, porque reconoce que es “destrozar la vida de un inocente, es destrozar la vida de toda una familia con actos tan detestables como es la pederastia”.
Efectivamente, de eso sabe mucho el Cardenal. Sabe mucho de “destrozar” vidas, así como destrozó la de Joaquín Aguilar cuando era tan sólo un niño de 13 años y fue violado por el cura pederasta Nicolás Aguilar, a quien él cambió de parroquia y envió a Estados Unidos, de acuerdo con el cardenal Roger Mahoni, con el fin de evadir la acción de la justicia.
En definitiva, los 18 años de Norberto Rivera al frente de la Arquidiócesis Primada de México han sido 18 años de protección a curas pederastas y desprecio a las víctimas.
Sigamos recuperando la memoria histórica del periodo de protección y conspiración a la pederastia del Cardenal Rivera Carrera. Recordemos sus palabras al menor Sergio Sánchez Merino y otros compañeros: “El padre Nicolás Aguilar es un hombre enfermo”, le dijo en noviembre de 1997 cuando él y cuatro niños más acudieron a denunciar al sacerdote: “Ustedes olvidarán pronto lo que les hizo . Al rato ya ni se acordarán”. Los testimonios están allí. La hemeroteca de los periódicos de los últimos 18 años podrá ser utilizada como una prueba fehaciente de los delitos del Cardenal Rivera.
Los cientos de archivos de la Arquidiócesis de México están llenos de casos de curas pederastas, no son 15 sacerdotes como él dice, son decenas de curas pederastas trasladados para protegerlos, pero obviamente el más famoso es el caso de su protección al cura pederasta Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo.

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