AGRADAR O DECIR LA VERDAD AL PRESIDENTE


Por Juan Bustillos

Me pregunto si después de una larga carrera periodística de varias décadas sin mayor trascendencia ni huella que dejar o presumir, quiero concluirla agradando al Presidente López Obrador.
Creo que no.
Un amigo mutuo me dice que nos caeríamos bien. Lo dudo porque, a despecho de la proclama presidencial, su pecho si es bodega en la que almacena los malos recuerdos, por lo menos.
No me atrevo a decir rencores, como otros aseguran, porque sería peligroso que al Estado mexicano lo encabece un mandatario que permita dejarse arrastrar por sentimientos negativos.
Si alguna vez me leyó desde antes del “haiga sido como haiga sido”, o me ha leído en los últimos 14 meses, no puedo ser incluido entre los profesionales que lo defienden y dicen la verdad como él la concibe, sino en la otra categoría, pero, en definitiva, no en la que supone al servicio de sus adversarios y de quienes, tiene la seguridad, no la sospecha, de pretender minar su mandato para arrebatarle el liderazgo.
La fórmula para no ser incluido en la lista negra de los periodistas al servicio de sus enemigos, la dio él mismo en su conferencia mañanera en la que a los medios de comunicación y a los periodistas nos fue como al negro de la feria.
Fuimos arrojados al circo a merced de sus millones de fieles que lo defienden en las redes sociales; comparados incluso con los empresarios que utilizan a las pequeñas y medianas empresas como parapeto, y denunciados como instrumentos de los conservadores y del poder económico.
Debo decir que, prefiero seguir siendo sospechoso de todo esto y hasta de desesperación por no entender la nueva realidad y, debido a ello, optar por la mentira, que convertirme en remedo de algunos lastimeros compañeros de profesión (eso dicen que son) que por sí mismos o repitiendo lo que les ordenan preguntar, a diario se le tienden como alfombras para evitarle pisar el suelo, como el patético que le dio oportunidad de apalearnos durante una hora.
Lamento que, aceptando que no fue su intención someterlo a linchamiento, se refiriera por su nombre, y solo a él, a Ciro Gómez Leyva (a quien no conozco, pero respeto) como desertor del periodismo profesional e independiente porque sucumbió a las tentaciones.
Sólo porque tienen otros datos y se atreven a hacerlos públicos, Ciro y muchos otros periodistas no merecen el linchamiento a que fueron sometidos en la mañanera mientras el Presidente se resistió a contestar las preguntas muy concretas que una valiente reportera le hizo insistentemente sobre el propietario de Tv Azteca, Ricardo Salinas Pliego.
En definitiva, es preferible ser de los que se mantienen haciendo el periodismo como lo entienden, sin adjetivos, sea del gusto o no del Presidente.
No tengo necesidad de aclararlo y sólo por satisfacción personal, por lo que a mí se refiere debo decir que no estoy al servicio de conservadores, de las élites o de los enemigos de la Cuarta Transformación.
Acierto y me equivoco, pero ese es mi problema, y sí, en su momento disentí sin temor alguno de Carlos Salinas y Enrique Peña Nieto, no sólo en las páginas en donde publiqué, sino en sus oficinas presidenciales.

Previous Estima Banco Mundial caída de 20% en las remesas
Next Pese a la pandemia, una nueva moneda de 20 pesos entra en circulación