EPIDEMIA DE CINISMO


Por Jorge Camargo

En el país prevalece una epidemia de cierto cinismo de quienes pretenden contarnos la historia a la inversa de la marcha contra el feminicidio. Que busca presentarnos dos clases de mujeres, las víctimas y las violentas, e incluso alienta posicionar el falso discurso del “así no”, es decir, un “sí, pero no”.
Estos sectores pretenden que las y los mexicanos nos enfrasquemos en una absurda discusión de si fueron o no legítimos los incidentes. Pregunto al lector si pudo darse cuenta de que las redes sociales nos presentaron y representaron, una y otra vez, una realidad fragmentada. Cuántas veces vio dos imágenes: un hombre golpeando a un reportero que hacía su trabajo. Y las escenas de los daños al Ángel de la Independencia y a una estación del Metrobús (en 2014, una marcha de estudiantes de la UNAM fue infiltrada y provocadores quemaron una estación).
Y, en contraste, cuántas veces escuchó la razón de la marcha o vio a padres y hermanos, hombres, acompañando la marcha, y el acto final de la misma.
La historia de las marchas es la historia de los grupos de golpeadores, aquí no hay diferencia de género. Un gran número de marchas es infiltrada para deslegitimarlas.
Pero esta historia no termina así. Resulta que al periodista —expresé mi solidaridad en su momento— lo golpeó un hombre infiltrado, que recibió la orden de otro individuo, al que no se le busca. Quién, de dónde y para qué.
Seguramente muchos padres no dejaron ir a sus hijas a la marcha y, al final, pudieron decir, “ya ves, te lo dije…”. El miedo gana.
Pero las que sí fueron lo hicieron para dar voz a todas, a las que no salieron y a las que no pueden hacerlo más. Resignificaron a las que han muerto por el crimen de odio llamado feminicidio.
He escuchado de todo. Pero lo que me resulta patético es el argumento que esgrime que “las mujeres quieren feminizar a los hombres… y eso es un exceso”.
Al final llegó el final. La crisis de violencia contra mujeres se salió del control de los gobiernos estatales. Cuando eso ocurre se llama crisis nacional, que exige la intervención de las autoridades federales y del Congreso, pero no está disponible porque la mayoría de Morena enfrenta disputas intestinas por el poder, lo que habla de su interés real por las cosas que le urgen a esta nación.
La historia que debe contarse es una terrible que deviene de la incapacidad de no saber gestionar una crisis de esta magnitud.
Ponerle apellidos —liberales contra conservadores— no hace más que abrir el margen de oportunidad para que los delitos sean cometidos.
El problema es tan grave que debemos exhibirlo tal cual: en México existe licencia para cometer feminicidios, violar y discriminar. Ello es resultado de la permisividad y simpleza con las que se enfrenta el tema.
En una nota bien documentada, mi compañero Andrés Mendoza, de esta casa editorial, retrata el tamaño de la crisis. Cito algunas partes. La incidencia delictiva en violencia de género aumentó 22.5% entre 2018 y este año, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.
Entre enero y julio del año pasado se iniciaron 22 mil 183 carpetas de investigación a nivel nacional por feminicidio, abuso, acoso, hostigamiento, violación simple y violación equiparada, para el mismo periodo de 2019 sumaban 27 mil 183 indagatorias.
El feminicidio pasó de 494 investigaciones a 540, lo que representa un aumento de 9.3 por ciento. El abuso sexual creció 27.7%, al pasar de diez mil 579 carpetas a 13 mil 530.
Las cifras son retrato del problema. Pero no hay un mensaje oficial claro y contundente, mucho menos acciones punibles contra los criminales organizados o los que actúan porque saben que no habrá consecuencias.
El discurso de los “abrazos para todos” se mostró como lo que es. La narrativa de la pacificación por la buena voluntad se fracturó contra las cifras. Somos hoy un país violento, en el que los feminicidios y los homicidios no se persiguen. Nadie quiere ser responsable de esas víctimas.
No hay, hasta el momento, ningún anuncio que indique un ejercicio serio de política pública nacional. El Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW), de la ONU, pidió a México adoptar medidas urgentes para prevenir las muertes violentas y las desapariciones forzadas de mujeres.
La Segob firmó con la ONU y la Unión Europea la iniciativa Spotlight México, para prevenir la violencia de género, creando conciencia sobre los estereotipos de género y las ideas negativas sobre la masculinidad. Puras buenas intenciones, nada en los hechos.
No nos confundamos ni nos dejemos confundir. Apoyar a las mujeres en esta crisis de seguridad es un imperativo ético.

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