POR LOS DERECHOS Y VIDA DE LAS MUJERES


Por Sócrates Amado Campos Lemus

PUES VOLÓ, SE FUE, PARTIÓ, MURIÓ, DIEGO ARMANDO MARADONA. Y PARECERÌA QUE EL MUNDO O EN EL MUNDO ES MUCHO MÁS IMPORTANTE EL FUT BOL Y UN FUTBOLISTA QUE LOS MILES Y MILES DE GENEIOS Y CIENTÍFICOS QUE TRABAJAN DURO PARA MEJORAR LA SALUD Y LA VIDA DE LOS HUMANOS… Y ASÍ mientras miles festejan y honran a la “mano de Dios” miles de mujeres son asesinadas, secuestradas, violadas y explotadas sin que esos aficionados se den cuenta siquiera de lo que sucede cerca de sus propias casas y no se luche contra la violencia contra las mujeres.
En fin, mucho se habla y se dice que se luchará en contra de la violencia familiar y en contra de la violencia que afecta a miles de mujeres solamente porque el “machismo” y la intolerancia y las frustraciones y la deformación social que tenemos miles de hombres siguen en pie, y son dueños de esa fuerza que lleva hasta la muerte y la desaparición o violación de las mujeres.
Además, cuando ellas saltan y se unifican para protestar y exigir el respeto y justicia en su favor, hasta los mismos funcionarios y políticos protestan porque en su enojo y encabronamiento muchas de ellas para hacerse escuchar y ver, llegan a actos de violencia para mostrar lo que sienten cuando son víctimas de la misma, y entonces, los políticos y funcionarios dicen que todo se vale, menos el que hagan actos de violencia y destruyan las bardas o las pinten, y agredan a otros que les impiden marchar con total libertad.
No se podrá negar que desde las casas lo primero que sienten las mujeres es la degradación que las mismas familias les generan cuando las tareas de servicio y de atención que deberían ser cubiertas por todos los miembros de la familia, son aisladas y se dice que el lavar o planchar o limpiar o guisar es cosa de mujeres y no de hombrecitos, y se les esclaviza por el simple hecho de ser mujercitas, y a los hombres se les brindan todas la ventajas para que se desarrollen y las libertades para que tomen conciencia y experiencia en la vida, en cambio a las mujeres se les deja relegadas incluso para poder estudiar o prepararse en otras tareas que se requieren para sobrevivir en este mundo machista y discriminador.
En las propias escuelas las agresiones son brutales para las mujeres, sobre todo cuando ellas muestran que son igual o mejores que los hombres en la formación escolar y toman liderazgos en las calificaciones o en las propias clases y formación, y los maestros se dedican a tratar de mostrar que no tienen capacidades y las tratan de destruir y para ello se burlan o las acosan, y cuando ellas protestan y denuncian, dicen que es porque ellas no pueden con las materias y que son actos de venganza y no se investiga realmente lo que sucede en los salones de clase.
Eso pasa igual con el trato de los alumnos cuando se sienten amenazados o rechazados por las mujeres de la escuela y las agreden de tal suerte que la violencia aflora hasta las acciones violentas y tratan, en muchos casos, de violarlas o asesinarlas para que no den cuenta de las agresiones que han sufrido por parte de sus compañeros.
En las casas la violencia familiar y las agresiones y violencia son tales que en la inmensa mayoría de los casos se sabe que familiares cercanos son los que violentan a las mujeres y las mantienen amenazadas y temerosas de denunciar lo que sucede porque las misma familias, hemos escuchado, dicen que ellas han provocado a los hombres para que las violenten porque son facilitas… y otras cosas indignantes, porque al final de cuentas la dependencia económica en las casas de parte de las mujeres es total y tienen temor de quedarse desamparadas y sin dinero para sobrevivir y aguantan hasta que estallan, y se dan las grandes tragedias que muchos conocemos en los diarios y las historias de la violencia en contra de las mujeres.
En el campo mexicano, muchos campesinos prefieren tener hijos porque dicen les ayudaran en los trabajos, y no hijas que solamente consumen recursos, por tal motivo no se les permite ir a las escuelas y menos a la formación, y cuando tienen alguna edad les mandan a que trabajen como servidumbre en casas y lleven los recursos a sus hogares sin que ellas tengan posibilidades de formación profesional y mejorar sus propias condiciones de vida.
En algunos lugares todavía existen las costumbres de la “venta de las niñas” o de comprometerlas en matrimonio con tal de dejar de mantenerlas en los hogares paternos y esto provoca grandes tragedias y muchos resentimientos entre las mujeres, además del terror y del miedo a su propia condición de mujeres.
Pero nuestros políticos y analistas de los problemas sociales en México dicen que todo se resuelve con leyes y reglamentos y con instituciones de protección que al final de cuentas no sirven para nada.
La realidad es que el origen está en la pobreza y la falta de educación y conciencia de lo que significa la igualdad entre los humanos y el respeto que nos debemos.
Tenemos que dar paso a que las mujeres tengan los medios, conocimientos y recursos para que puedan alcanzar su liberación económica y no dependan de sus familias, que desde ahí donde vienen los niveles de explotación.
Reconocerles sus derechos y dar paso a sus denuncias y con castigos ejemplares se vayan convenciendo de que pueden eliminar la violencia en su contra cuando tienen también el valor de la denuncia y luchar contra los agresores, y que las autoridades tengan una visión real de lo que sucede en la violencia en contra de ellas y de cómo se pueden ir mejorando las relaciones y protegiendo sus derechos.
Sin duda, la lucha será larga, pero no podemos permitir que sigan las agresiones, los feminicidios, las violaciones, la explotación y la marginación de sus derechos.

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