BANXICO: MÁS ACOPLADO QUE NUNCA A EU

Por: Enrique Campos Suárez

Pues muy desacoplados y lo que quieran, pero los mercados en México están muy atentos hoy al dato de la inflación en Estados Unidos, porque ahora resulta que es tanta la independencia monetaria de México que un dato como el resultado del Índice de Precios del vecino del norte va a marcar notoriamente el comportamiento del peso mexicano esta mañana.

Esta tensión innecesaria en los mercados financieros locales es el resultado directo de los “adelantos” e insinuaciones públicas que hicieron algunos integrantes de la Junta de Gobierno del Banco de México. No hay inocencia: los banqueros centrales mexicanos saben que sus palabras –incluso desde ese fallido anonimato– adelantan expectativas en los mercados, y más ahora que hay una convulsión global.

Esos banqueros que parecen tan obstinados con bajar la tasa de referencia lanzan sus comentarios en la reunión de decisión de política monetaria del 24 de septiembre; en ese momento, el peso está en un proceso de depreciación sin pausa frente al dólar, la guerra en el Medio Oriente no anticipa tregua, Ucrania bombardea instalaciones petroleras rusas, Donald Trump gobierna Estados Unidos, no hay fecha para renovar el T-MEC y faltan pocas semanas para las elecciones intermedias en ese país. Las minutas se publicaron el 8 de octubre, como anticipo de su siguiente reunión del 5 de noviembre. No hay inocencia, hay intención.

Más allá de lo imponderable de las guerras, en la práctica, lo que provocó esta imprudencia fue encadenar la expectativa del mercado local a una tríada externa sobre la que México no tiene ningún control: la evolución de la inflación estadounidense que vimos esta mañana, los datos de empleo en aquel país y la postura futura de la Reserva Federal (Fed). De ese eje depende ahora la reacción inmediata del tipo de cambio, cuyo contagio a los precios internos acabará, de alguna manera, por condicionar la propia política monetaria de Banxico.

El problema de fondo es que con estos avisos intempestivos solo se alteran los nervios de los inversionistas y se añade volatilidad sin aportar valor fundamental. Porque hoy, nadie con un mínimo de prudencia macroeconómica prevé que tanto Banxico como la Fed vayan a realizar movimientos de tasa en sus inmediatas decisiones.

Este miércoles quedará ya sobre la mesa el dato de la inflación estadounidense del pasado mes de septiembre, sabremos la suerte de las nóminas no agrícolas estadounidenses de octubre el primer viernes de noviembre y conoceremos la decisión del Comité Federal de Mercado Abierto de la Fed el 28 de octubre. Pero el punto central no son esos datos puntuales de la economía estadounidense, sino la vulnerabilidad autoinfligida.

La autonomía del Banco de México no se mide por la prisa ideológica o política de empujar el crédito a la baja a cualquier costo, sino por la capacidad institucional de mantener el ancla inflacionaria bien afianzada cuando los vientos externos soplan en contra. El entorno internacional está en un punto de alta volatilidad y con muchos frentes abiertos; ceder ante la tentación del adelanto y la especulación solo resta margen de maniobra a la independencia operativa de la Junta de Gobierno.

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