LA LECTURA “UN PLACER PARA BURGUESES»


Por Jorge Petrikowski

De acuerdo con los “manifestantes” que quemaron parte de una librería el pasado jueves en la Ciudad de México, leer es para burgueses, así lo expresaron en el momento en que prendían el exterior de Gandhi, a lo que el presidente respondió que nadie se puede decir anarquista si quema libros, pues es más una actitud de conservadores.
Se podrá estar de acuerdo o no con las políticas adoptadas por Andrés Manuel López Obrador, pero en este caso dio en el clavo, quemar libros no es sino un acto reaccionario y digno de los peores seres, lo hicieron los nazis y para nada eran progresistas o afiliados a un régimen que se pudiera considerar libertario.
“Eso sólo fue un preludio, ahí en donde se queman libros, se terminan quemando también personas” es una frase acuñada por Heinrich Heine y que fue plasmada en la Bebelplatz, lugar donde el régimen nazi realizó su famosa quema de libros, lo que sólo era el comienzo de una era oscurantista y terrible.
Y no, no es que las personas que quemaron la librería vayan a quemar personas, o al menos eso quisiéramos pensar, pero el acto de destruir un documento en el que se guarda parte de la historia, el pensamiento y la cultura humana representa que no se aprenderá de los errores, que se busca destrucción por el simple hecho de hacer daño y algo peor, borrar las memorias de aquellos que han dado algo a nuestro mundo.
No hay que buscar explicaciones al acto, si bien Gandhi representa en el país a un fuerte imperio cultural, prender fuego no solucionaba ningún problema y menos, conmemoraba la memoria de los 43estudiantes desaparecidos en Iguala, pues se preparaban para educar y transmitir conocimiento como profesores, mismo fin que tiene un libro sin importar si es bueno o malo, caro o barato.
Desde épocas precristianas los libros, o pergaminos representaron el mayor intento humano por preservar la historia y darle a las nuevas generaciones una nueva mirada, algo necesario para que cualquier nación avance, lo que según se entiende, buscaban estas personas que, escondidos bajo el anonimato realizaron el acto vil.
Los responsables deberán ser buscados y castigados, pues no solo dañaron libros, sino más de 30 comercios que desde su punto de vista representaban a la burguesía; además se tendrá que descubrir por qué cada marcha ocurre lo mismo, cuál es el modus operandi, la finalidad que tienen y, sobre todo, quién los envía.
Las autoridades tienen un reto, que da la impresión no quieren enfrentar, pero mayor será el reto de mostrar a generaciones futuras que la lectura no es para burgueses, que es parte medular del desarrollo humano y de nación, algo, que sin duda, sólo lograrán poniendo estos peligrosos objetos, los libros, en manos de quien se vislumbra como el futuro del país.

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