UN PLANETA EN RUINAS

Por Lorena Rivera

Pero nos cegamos ante hechos como una atmósfera más caliente y contaminada, océanos acidificados y más cálidos, niveles de los mares elevados por el deshielo de los casquetes polares, fenómenos meteorológicos más extremos, deforestación, olas de calor mortales, desertificación, sequías e inundaciones.
¿Cuándo abriremos los sentidos para entender el daño ocasionado por la quema de combustibles fósiles?
¿Cuándo empezaremos a erradicar esa dependencia enfermiza por querer seguir teniendo economías y estilos de vida anclados a los petrolíferos?
¿O seguiremos sin hacerlo hasta que sea demasiado tarde? Ojalá que no. Pero los datos arrojados por la ciencia indican magros resultados de la humanidad y sus líderes.
Con todo y el Acuerdo de París —que en este diciembre cumple tres años—, los niveles de gases de efecto invernadero en 2017 alcanzaron un nuevo máximo sin precedentes.
Dióxido de carbono, metano y óxido nitroso, tres de los más potentes GEI están muy por arriba de los niveles preindustriales y “sin signos de revertir la tendencia alcista”, indica el Boletín sobre Gases de Efecto Invernadero de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
Otro dato del documento de la OMM que debe encender las alertas es el descubrimiento de la producción ilícita de CFC-11 (sustancia química prohibida por el Protocolo de Montreal, usada en la producción de aire acondicionado, refrigeración y aerosoles) porque calienta el planeta y destruye la capa ozono.
Las investigaciones apuntan a la producción de esa sustancia tóxica en Asia, básicamente en China.
La semana pasada, cuando se presentó el informe, Petteri Taalas, secretario general de la OMM, hizo un comparativo entre la elevación de los GEI en 2017 y el pasado lejano: “La última vez que la Tierra experimentó una concentración comparable de dióxido de carbono fue hace tres o cinco millones de años, cuando la temperatura era de entre dos y tres grados centígrados más cálida y el nivel del mar, entre 10 y 20 metros superior al actual”.
Y si estos datos basados en la ciencia no dicen mucho, los hechos hablan por sí mismos.
El rostro del cambio climático se puede observar en los incendios forestales causados por sequías severas y en las inundaciones, resultados de lluvias torrenciales y huracanes.
La deforestación, por ejemplo, nos hace mucho más vulnerables al cambio climático. Por ello, es urgente frenar la tala y todo aquel interés por destruir el patrimonio natural.
De acuerdo con el Monitor de Sequía de Estados Unidos, California enfrenta sequías en más de la mitad del territorio, pero las zonas Camp (al norte) y Woolsey (al sur) tienen una condición severa y, en conjunto, los incendios forestales quemaron más de 97 mil 124 hectáreas, incineraron miles de hogares y mataron a más de 70 personas.
A lo anterior, sumemos que los incendios forestales liberan grandes cantidades de dióxido de carbono.
Climatólogos y meteorólogos han explicado que el cambio climático no causa directamente la propagación acelerada de los incendios, pero sí crea las condiciones para alimentarlos: aire y plantas más secas y ausencia de lluvia.
En el extremo están las inundaciones. Hace unos días, Oriente Medio sufrió lluvias torrenciales sin precedentes, las cuales inundaron desiertos, carreteras y zonas urbanas y turísticas de Jordania y Arabia Saudita.
Si la humanidad y sus líderes se quedan en la contemplación pensando que no pasa nada y que el cambio climático es un invento, será inminente la devastación de ecosistemas y de la vida que ahí habita.
Ojalá se entienda que los costos de seguir degradando la naturaleza serán más altos que los costos de descarbonizar las economías.
Se trata de una realidad que ni la propia administración de Donald Trump puede negar. Así lo demuestra el Fourth National Climate Assessment, un informe del propio gobierno estadunidense que desmiente la postura negacionista del mandatario y documenta las más terribles consecuencias (incluso económicas) del cambio climático.
El informe, ordenado por el Congreso de EU y elaborado por científicos de 13 agencias federales, fue publicado por la Casa Blanca en el Black Friday, probablemente con la intención de que pasara inadvertido. Pero quizá tenga más el simbolismo del advenimiento de un futuro muy negro.
Así, la Conferencia sobre Cambio Climático a llevarse a cabo en Katowice, Polonia, del 2 al 14 de diciembre, quizá será la última ventana de oportunidad para que los países actúen para redoblar esfuerzos y así limitar el calentamiento global a menos de 1.5 grados centígrados.
Lamentablemente, las naciones y sus sociedades han estado por debajo de las promesas del Acuerdo de París.

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