CAMBIAN LOS TIEMPOS Y TAMBIÉN LOS CATARRITOS


Por Don Goose.
Ahora sí, que si no me escuchan graznar es porque traigo “cubrebocas”.
Faltaba más, pues aunque los doctos en el tema afirman que es más la polvareda que el zapateado con este mentado “coronavirus”, ya uno no sabe.
Lo cierto es que a medida que pasan los días, todo indica que como muchas cosas “made in China”, el también llamado Covid-19 está resultando más pirata que las artesanías mexicanas fabricadas en Taiwán y Hong Kong.
Luego de los primeros casos descubiertos en México, cinco hasta este lunes, la tranquilidad ronda en los estados del país, así como en la Capital mexicana.
Cierto que el jueves pasado, cuando se reveló el primer caso en la Ciudad de México, ágiles que somos los mexicanos en pocas horas vaciamos los anaqueles de “tapabocas” y gel para manos.
Claro que yo, por mi palmípeda situación, no puedo darme el lujo de andar repartiendo besos y abrazos (y menos balazos) como si fuera Presidente de la República, porque para ello hay que tener un “corazón muy bondadoso”, digo, para que el pecado no se dé de andar infectando a cuanto cristiano nos quiera apapachar.
Y no es graznar por graznar, pues ya la ciencia dijo que para señalar a los culpables de trasmitir el nuevo “coronavirus” en la ciudad de Wuhan, no hay más que de dos sopas, o pangolines, o murciélagos.
Sí, aclaro, porque no vaya a ser que a algún conservador, neoliberal o “fifí” se le ocurra decir que un ganso.
No, no, no, porque, sépanlo, no somos iguales.
Ahora que no están ustedes para saberlo, ni yo para contarlo, pero de que México está cambiando, está cambiando, transformándose, pues, a tono con la 4.
Porque así sea cuestión Económica o de Salud, viniendo de fuera, ya saben, lo que el viento a Juárez.
Cuestión de medio graznar o hacer un poco de historia.
Allá por el 2008, cuando Estados Unidos enfrentaba una dura desaceleración, el entonces Secretario de Hacienda, Agustín Carstens, se atrevió a decir que ya no era como antes cuando si Estados Unidos estornudaba, a México le daba pulmonía.
No, ahora (al menos en 2008), si Estados Unidos tenía neumonía, México solo un catarrito.
Y parece que resultó cierto. Eran los tiempos de George W. Bush, por aquel lado, y de Felipe Calderón, de este. Estados Unidos pasaba por una crisis hipotecaria y bancaria, y aunque sentíamos que el mundo se nos venía encima, todo quedó en susto. Mucho, claro, no porque estuviéramos cien por ciento blindados, sino porque el atorón para los estadounidenses fue bastante pasajero.
Como decíamos, los tiempos cambian, y si antes fue en Economía, ahora el pañuelo lo usamos solo, tal vez, para secarnos alguna lágrima.
Porque ahora en Salud, si a China le acorrala el virus SARS-CoV-2, a nosotros, cuando mucho, la molestia está un poquito arriba que el catarro.
Y no es que yo quiera dármelas de muy divina garza o, más bien, de gansón cansón, pero así lo ha venido repitiendo quien se ve que domina, de ala a ala, el tema de las epidemias y pandemias, el doctor Hugo López-Gatell que por eso y más, doble contra sencillo, ya amarró la silla de su jefe, no el de ahora, de Palacio Nacional, sino el de la Secretaría de Salud, don Jorge Alcocer.
Todo es cuestión de tiempo, pues desde el espinoso tema del cambio del Insabi (Instituto de Salud para el Bienestar) por el Seguro Popular y, después, de la repentina aparición del Covid-19, el único protagonista ha sido él.
En fin, que mientras hablemos de catarros (no piensen en nadie, es enfermedad), todo está bien o, como diría mi sosia, “requetebién”.
Porque si le entramos a asuntos como el próximo “Día sin Mujeres”, los feminicidios, el nulo crecimiento (que por cierto ya hasta del T-MEC nos olvidamos) o hasta del invendible avión ex presidencial, pues ya como que la patología cambia, y los síntomas son como de diarrea o vómito.
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