LA DIFERENCIA ENTRE EL HIJO DE “EL CHAPO” Y LA MADRE DE “EL MARRO”

Por Juan Bustillos

El reconocimiento de que la liberación de Ovidio Guzmán en Culiacán fue decisión del Presidente López Obrador y no del gabinete de seguridad, como aseguró ante el Senado el secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, no se reduce a un problema de semántica, es decir, a la confusión del significado de dos verbos (ordenar o avalar), tampoco al dilema de un hombre de Estado de proteger la vida de 200 inocentes o ganar una batalla criminal, sino al instinto natural de conservar el poder, es decir, no ofrecer a los opositores la oportunidad de “ articular un movimiento para pedir mi renuncia”.
Es probable que al inicio del siguiente sexenio sepamos toda la verdad de lo ocurrido en el “culiacanazo” porque será hasta entonces que la Secretaría de la Defensa Nacional podrá revelar la información que, en respuesta a Milenio, protegió por cinco años para no dar al crimen organizado que “opera en todo el país” la oportunidad de repetir episodios, como la amenaza de victimar a los familiares de los militares que viven en la capital de Sinaloa, con la finalidad de obligar al ejercito mexicano a emplear y desgastar a los efectivos militares, provocando el descuido de las áreas prioritaria del país y el cumplimiento de las misiones generales del Ejercito”.
Mientras tanto, discutiremos en el vacío si mintió Durazo al decir que “Los integrantes del Gabinete de Seguridad –mi Almirante Ojeda, el General Sandoval y un servidor– tomamos la decisión, de común acuerdo, del repliegue de nuestro personal, aun y cuando no fuese posible, en virtud de las circunstancias, de llevar detenido al perseguido”, una de estas “circunstancias” que detuvieron a Ovidio sin contar con orden de cateo para que la autoridad se metiera al domicilio en donde fue ubicado.
O mintió el Presidente al explicar el 22 de octubre de 1919 que “Me siento hasta bien de haber avalado suspender ese operativo porque pudo causar la pérdida de mucha gente”.
El 2 de diciembre de 2019 fue más prolijo: “En esta verdadera prueba de fuego en la que la delincuencia salió a la calle con armas de alto calibre se vivió un alto riesgo, prefirió detener el operativo y liberar para evitar una masacre. Podrán decir nuestros adversarios que mostramos debilidad, pero nada vale mas que la vida de las personas”.
Pero también que: “Yo no estaba informado (sobre el operativo), no me informan en estos casos porque hay una recomendación general. Yo creo que tenía conocimiento la Secretaría de la Defensa”.
“No, no (sabía sobre la orden de extradición), porque son muchos casos, o sea, judiciales, no todos de extradición, desde luego, pero no estoy en eso”.
“No tengo información sobre eso, no me dieron información sobre eso. Yo lo que supe es de que había este operativo ya cuando estaba en marcha”.
O en su nueva versión revelada el pasado 19 de junio en Cuernavaca: “Yo ordené que se detuviera ese operativo y que se dejara en libertad a este presunto delincuente”.
No faltará el cínico alegando que hasta en el crimen organizado hay clases sociales o que son más valiosas las vidas de los familiares de militares que de civiles, para explicar por qué el Ejército liberó a Ovidio, el hijo de El Chapo en Culiacán gracias a que sus cómplices amenazaron de muerte a hijos de mandos y soldados, en tanto que no se procedió de igual manera con María Ortiz cuando los compinches de su hijo José Antonio “El Marro” Yépez Ortiz incendiaban comercios y vehículos en Celaya y otros municipios de Guanajuato.
No es un tema jalado de los pelos aunque de pronto parezca un problema de semántica que necesariamente el Presidente López Obrador debe explicar una vez que reconoció ser quien ordenó la liberación del hijo de “El Chapo” en la capital de Sinaloa para evitar que perdieran la vida más de 200 personas inocentes, cuando antes había dicho que solamente avaló una decisión tomada por su gabinete de seguridad.
Vale la pena preguntar si el sábado pasado a alguien cruzó por la mente liberar a la madre de “El Marro” cuando los habitantes de Celaya y de otros municipios guanajuatenses, tan inocentes como los familiares de militares y ciudadanos de Culiacán, vivían horas de terror.
Peor aún, por qué no proceder de la misma manera el domingo cuando circularon los videos del líder huachicolero denunciando colusión gubernamental con el cartel Nueva Generación de Jalisco, y amenazando con convertirse en “piedra en el zapato” para el gobierno:
“Pinche Gobierno pasado de mierda, rateros culeros, humillaron e hicieron lo que quisieron con la familia y les voy a ser una pinche piedra en el zapato…No crean que porque se llevaron a mi madre, ahora póngala de operadora financiera, jefa de cártel, como lo saben hacer, por ella y por toda mi gente le voy a echar huevos al asunto, no crean que me espanta”.
Nada que discutir. La diferencia entre Sinaloa y Guanajuato fue porque en Culiacán el “operativo porque pudo causar la pérdida de mucha gente” y los opositores de López Obrador habrían armado un operativo para pedir su renuncia. Si eso hubiese ocurrido “¡Pues me voy! Y no derrotado por dejar de ser presidente sino derrotado moralmente”.
En Guanajuato las amenazas de “El Marro” no dan para tanto.

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