LOS DOS MÉXICOS

Por Luis Pinal Da Silva

Cuando se hizo el registro de Claudia Sheinbaum Pardo como candidata presidencial oficialista, también tuvo verificativo la Marcha por la Democracia. Dos hechos distintos y distintivos de nuestro México.

Hay que decirlo con todas sus letras: el evento de la candidata oficialista, no opacó la información surgida de la concentración por la democracia realizada en la Plaza de la Constitución.

Y no lo hizo no porque el evento en sí no fuera importante, sino por los yerros que los gobiernos federal y capitalino cometieron para boicotear o minimizar el efecto de la concentración.

Y es que hay que atender al hecho de que nuevamente la bandera nacional no fue izada en la asta monumental del Zócalo, como si fuera propiedad de un grupo. Esta fue la segunda ocasión que en una concentración ciudadana el gobierno decide que la bandera no se ondeé.

Además los accesos al Zócalo, excepto dos, estuvieron cerrados “por el paseo ciclista’’ implementado de último momento, lo cual fue tomado como otro intento por descarrilar o reducir el número de participantes en el evento ciudadano.

Pero en lo que podemos decir lo medular de los discursos, por un lado Sheinbaum sin prender a nadie, mientras que Lorenzo Córdova, arengó a los asistentes a defender la ley, la Constitución y la democracia mexicana, lo cual caló hondo en el ánimo de los presentes y también en el de los ausentes.

Sheinbaum ofreció continuar “con la transformación’’ pero se dio tiempo también para criticar a quienes participaron en la movilización y se dio el lujo, mentira de por medio, de hablar de un país en paz, sin discordia, muy distinto al que se percibe con solo salir a la calle o leer los medios de comunicación.

El registro no fue la fiesta guinda que se esperaba en el INE; el discurso no levantó y la asistencia fue menor a la esperada, tal vez porque se precipitó la celebración del evento.

Del otro lado se vio más entusiasmo; el discurso de Córdova fue un resumen de todos los intentos lopezobradoristas por atacar a las instituciones electorales y a la propia Constitución.

No hay voto libre si se condiciona al pago de los programas sociales, no hay voto libre si interviene el gobierno, no hay voto libre si hay intimidación de la delincuencia organizada, no hay voto libre si se siguen otorgando dádivas para favorecer a cualquier coalición.

La del domingo fue la última demostración del músculo ciudadano antes de la elección y queda por esperar que el 2 de junio se vea qué es lo que queremos como mexicanos.