UNA FIRMA NO OBLIGADA; NATURALEZA OBLIGA

Por Luis Pinal Da Silva

Sin duda alguna, lo que hizo Claudia Sheinbaum durante el evento organizado por la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM),para la firma del “Compromiso Nacional por la Paz’’, la muestra como lo que es: una zombi que hace lo que su am le ordena.

Ella estuvo en el lugar, pero su idea no era la de comprometerse para que si llegase a ser presidenta busque que el Estado de Derecho prevalezca más allá de los intereses de los grupos delictivos de alto impacto.

Ella acudió para la fotografía y para defender la estrategia de seguridad del lopezobradorismo.

En forma por demás deleznable, la candidata del partido oficialista marcó distancia con el documento elaborado por la CEM, al que se adhirió Xóchitl Gálvez, cuestionando el análisis sobre el origen del problema de la inseguridad.

Y es que la CEM presentó en el documento un escenario en donde la justicia, la inseguridad y la paz en el país están en riesgo, ya sea por la delincuencia organizada y/o por las acciones y omisiones de quienes deberían garantizar la seguridad; nada más alejado de la realidad.

Planteó además un país en crisis en ese tema vital y propuso algunas soluciones que en su momento rebatió la candidata.

Sheinbaum advirtió que firmaría el documento, pero pidió que se agregara otro en el que planteó sus divergencias, sobre todo en los datos con los que se elaboró el diagnóstico.

No es que lo haya firmado bajo protesta, sino que hizo hincapié en los puntos en los que no estuvo de acuerdo y en algunas coincidencias.

Dice que “no hay peor ciego que el que no quiere ver”, y la candidata mostró su miopía al rechazar que el tejido social se encuentre en proceso de degradación acelerada, como indicó la CEM.

Incluso llegó a negar que haya aumentado la delincuencia común y dijo que la visión sobre el incremento de los homicidios dolosos (más de 181,000 en lo que va del sexenio) “no corresponde a la realidad’’.

Para justificar sus aseveraciones, Sheinbaum dijo que los homicidios dolosos se redujeron de más de 38,000, en el 2018, a poco más de 28,000 en el 2023.

También aseguró que la percepción de inseguridad en el país, de acuerdo con la última encuesta del INEGI, pasó de 68.6% a poco más del 58 por ciento.

Y ejemplificó que en los cuatro años que gobernó la ciudad, se redujeron en 50 por ciento los homicidios dolosos.

Tampoco estuvo de acuerdo con los señalamientos sobre la militarización del país ni con las críticas que se hicieron a la Guardia Nacional ni que se aumentará el presupuesto a los organismos judiciales.

Era obligado que Sheinbaum acudiera a esta reunión, muy a la fuerza, porque de no haberlo hecho se habría dado por sentado que implícitamente reconocía el escenario casi apocalíptico que la CEM planteó en materia de seguridad y justicia.

Su firma en el documento constará como defensa de la política de seguridad sexenal, pero al final de cuentas, como dejó constancia, ella tiene su propio programa al que sumará algunos de los puntos del documento elaborado por la CEM, si le parece.

Porque al final, Sheinbaum ve otro país; uno que millones quisieran, o quizá esté en la tónica del tabasqueño de que en México todo el mundo es “feliz, feliz, feliz”.