LA FRAGILIDAD DE LA POLÍTICA


Por Luis Pinal Da Silva

Este martes 11 de mayo, el Presidente Andrés Manuel López Obrador hizo lo que no debía: se metió de lleno en el proceso electoral, justificando que lo hace por el cúmulo de irregularidades que ha observado.
Señor Presidente. A 25 días de que tengan lugar las elecciones intermedias en nuestro país, todos los mexicanos hemos observado el nivel de proselitismo por parte de todos los partidos políticos y simple y sencillamente es deleznable.
Y nadie se salva de ello, ni Usted, Señor Presidente. Sentarse frente al televisor por las noches y ver el tsunami de spots que a diario nos tenemos que chutar es una verdadera tortura para todos aquellos que tenemos la altísima responsabilidad de emitir nuestro sufragio el próximo 6 de junio.
Prender el televisor y escuchar lo que Usted dice, también es un suplicio.
Y ya no hablemos de sintonizar algún noticiero porque la pesadilla se agiganta exponencialmente al ver las barbaridades que se les ocurren a los distintos candidatos para intentar granjearse la simpatía del electorado.
No hay nada en ellos que podamos destacar de forma positiva. No hay propuestas. No hay creatividad. No hay discurso ni ideario. No hay educación. ¡No hay nada!
Todo se les va en ensuciar y denostar al adversario. El lodo vuela en todas direcciones. Avanzan los días, se acerca el “día 0” para todos los partidos y candidatos y a ninguno le vemos por ningún lado algo digno de llamar la atención para bien.
Lamentablemente, Usted, Señor Presidente, ha abonado a este tedio, con sus frases maniqueas, con su labia despectiva, con su alusión a un pasado que lo tiene atrapado y hace que rumie de coraje.
De nada sirve que Usted, Señor Presidente, asegure que es un demócrata si, en la práctica demuestra lo contrario.
Lo prudente sería que se dejara de hablar y trabajara; que dejara de lado su patética victimización siendo Usted, Señor Presidente, el hombre más poderoso del país.
Deje que los ciudadanos decidamos y que el Instituto Nacional Electoral – al que busca reformar – haga lo suyo.
Deje que nos demos cuenta de los fenotipos que nos endilgan los partidos políticos, como el candidato de Redes Sociales Progresistas a la gubernatura de San Luis Potosí, José Luis Romero Calzada, apodado “El Tecmol”; o como Rocío Pino, aspirante a una diputación federal por el Distrito III de Sonora y Alfredo Adame Van Knoop, también contendiente a una diputación federal en Tlalpan.
El primero es un empresario, la segunda se hace pasar por influencer y modelo de onlyfans (contenidos para adultos), a quien popularmente se le conoce como “La Grosera” y el tercero es un actor venido a menos.
Siendo benévolos con los tres, podríamos decir que representan una nueva forma de hacer política en México, pero…. nada que ver.
Los mexicanos podemos ver, sin su ayuda Señor Presidente, que hay mucha improvisación política, empezando por su partido, Morena.
Faltan pocos días y, este seguro, Señor Presidente, que su partido vino-tinto logrará muchas posiciones. Quizá, claro está, no le alcance para seguir mangoneando tan abiertamente al país.
Pero hay algo muy cierto: Cuauhtémoc Blanco y Carmen Salinas eran el ejemplo más acabado del enseñoramiento de los políticos.

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