VIOLACIONES, PROTESTAS Y VANDALISMO EN LA CDMX


Jorge Petrikowski

Los días pasados, la capital del país se ha visto envuelta en una polémica mayor a la que está acostumbrada a acarrear, una joven de tan sólo 17 años acusó a periodistas de haberla violado en la alcaldía Azcapotzalco, lo que desató una gran cobertura mediática, opiniones encontradas y, desde luego, la politización del caso, unos a favor de enjuiciar a los policías, otros desmintiendo la versión de la violación.
En columnas anteriores he mostrado mi postura hacia las acusaciones que se dan en las redes sociales, un linchamiento público sin más pruebas que la palabra de una persona, en muchos casos que habla desde el anonimato, restándole toda seriedad a la acusación. En este caso no fue anónima, ni carecía de acusación formal, pues se realizó de manera legal, lo reprobable fue el actuar de las dos partes, aquellas personas que piden a gritos justicia para las mujeres —que vaya… qué hace falta en este país—, que sin sopesar lo que había detrás de la mediatización del caso, salieron a pedir justicia, hayan pruebas o no, y aquellos que filtraron información desde las entrañas de la procuraduría.
Tristemente en nuestro país se dan violaciones, asesinatos, maltratos y cualquier tipo de violencia hacia la mujer —hacia el hombre también, pero parece que hacia la mujer en gran parte de los casos es un tema de odio—, sin embargo este tema se hizo particularmente mediático, sin importar que días después sucediera un hecho parecido y en el que sí se han presentado pruebas en contra del policía acusado, a este último no se le dio la cobertura, y al parecer, ni la importancia del primero del cual se ha hablado desde que sucedió.
Las protestas pidiendo justicia no se hicieron esperar dando pie a otro tema, la violencia en las manifestaciones; claro que se debe clamar por justicia cuando no se está ni cerca de ella, claro que se debe de pedir a gritos que se pare la violencia —en cualquiera de sus formas—, pero todo parece indicar que sucedió lo mismo de todas las manifestaciones, infiltrados que buscan o hacer más ruido o desvirtuar una exigencia legítima, algunos culpan al PRD, otros al gobierno, pero han logrado que se polarice el apoyo o la reprobación del tema.
La contraparte es la mala actuación de las autoridades que, en un inicio parecían tomar el toro por los cuernos, quitar de sus labores a los elementos implicados y aclarar que tampoco se fabricarían pruebas, pero la presión los hizo sucumbir e intentaron hacer menos el movimiento que pedía seguridad a las mujeres, lo que resultó en lo contrario y este domingo las manifestaciones se hicieron más grandes y más violentas, derivando en agresiones a periodistas y a otros participantes, algo que no vieron venir, pero tampoco se animaron a contener con el uso de la fuerza pública, demostrando que cederán fácilmente a la presión de la opinión pública.
Las investigaciones deberán seguir su curso y se tendrán que mostrar pruebas contundentes sea cual sea el resultado de ellas, pues el escrutinio público está pendiente de Claudia Sheinbaum, Jesús Orta y sus tristes actuaciones recientes. Si quieren continuar con un proyecto, deberán ser firmes, dejar lo mediático a un lado y mostrarse imparciales aunque les reste popularidad. En tanto la ciudadanía deberá preguntarse qué hay detrás de las noticias presentadas en los medios, el tratamiento que se les da y la postura que se toma, pues tras una causa justa, las formas salen sobrando.

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