Ciberacoso a mujeres: la otra crisis en la pandemia


La emergencia sanitaria por COVID-19 agravó los problemas que la sociedad enfrentaba antes del confinamiento. Uno de ellos es el ciberacoso. De acuerdo con la Comisión de Derechos Humanos de Ciudad de México, (CDHCM) en su informe del 8 de marzo de 2021 sobre violencia digital , 9.4 millones de mujeres han sido acosadas durante el confinamiento por la pandemia y el grupo más afectado es el de las jóvenes de 20 a 29 años.

En el último año, el ciberacoso aumentó 70% en México, según la organización Ligth. Sin embargo, los porcentajes son insuficientes para entender las causas de este problema.

Laura, de 24 años, comenzó a recibir preguntas de desconocidos en su WhatsApp. “Eran tipos preguntándome por mis supuestos servicios”. La joven aún parece abrumada al mencionar que llegó a recibir más de 100 mensajes en 12 horas.

“La mayoría de los hombres escribían insinuaciones asquerosas, pero recuerdo que uno decía ‘vi tus fotos en un sitio web’, fue ahí donde me asusté”. Laura se enteró de que habían subido fotos suyas a una página de sexoservicios. “Hicieron un anuncio con mi nombre y publicaron mi teléfono”.

La experiencia de Laura corresponde a los casos de propuestas sexuales que, conforme al Módulo sobre ciberacoso (Mociba) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, asciende a 40.3% de las 9.4 millones de mujeres víctimas de violencia digital. El caso de Brenda, representa 35.3%, por haber sido contactada bajo identidades falsas.

Mujeres jóvenes en mayor riesgo

Ante un intento de ciberacoso, la Policía cibernética de Ciudad de México recomienda a las mujeres cuatro pasos: ignora, bloquea, pide ayuda y denuncia vía telefónica al número 5552425100 ext. 5086, o envía mensaje al correo policia.cibernetica@ssc.cdmx.gob.mx, disponible las 24 horas.

No obstante, la desesperación afectó tanto a Laura que no pudo atender las indicaciones, tampoco ignoró los desnudos masculinos e insultos que le enviaban después de explicar la falsedad del anuncio con sus fotos.

“Cuándo en los mensajes me dijeron de ‘fotos’, -Laura toma un momento para terminar la oración- no sabía si habían publicado nudes». El uso de fotos íntimas sin consentimiento es una forma de violencia digital que instancias como la Secretaría de las Mujeres (SEMUJERES) atiende.

Conforme a los registros proporcionados por Raquel Vargas de SEMUJERES, del 1 de enero al 4 de abril de 2021, las Abogadas de las Mujeres han intervenido en el inicio de 162 carpetas de investigación por violencia digital.

De estos casos, las especialistas han representado en el inicio de su denuncia a un total de 115 mujeres; en 66 casos, las víctimas estaban en un rango de edad de los 21 a los 30 años. Las carpetas de investigación se originan cuando un agresor toma y difunde sin consentimiento videos o fotografías de contenido sexual.

Ante la magnitud del problema, las colectivas feministas brindan apoyo en línea. En entrevista con Mariel Domínguez y Alicia Reynoso, de Luchadoras, detallaron que han atendido “161 casos por violencia digital en 2021”, cifra similar a los registros de SEMUJERES.

Las solicitudes abarcan denuncias por difusión de fotos de contenido sexual sin consentimiento, “acoso, acceso y control no autorizado de datos personales y por suplantación de identidad”, puntualizan las encargadas del apoyo en línea.

La doctora Nélida Padilla , miembro del grupo de Investigación en Psicología y Salud Sexual, sostiene que la problemática se origina por una cultura que fomenta el acoso. “Prevalece la idea de que, si una mujer es autónoma, es un objeto sexual”, detalla una de las premisas machistas.

La ley Olimpia fue impulsada por la activista Olimpia Coral, quien luchó siete años por la aprobación de la ley en Puebla tras la difusión de un video sexual en el que ella aparecía. Con este logro en 25 estados , las mujeres como Laura pueden encontrar justicia y fue ayer, que el Pleno de la Cámara de Diputados aprobó en lo general la Ley Olimpia, que establecer hasta seis años de cárcel a quien cometa violencia digital.

Luchadoras contabiliza al menos 13 formas de agresión relacionadas con la tecnología de las que destacan: el Acceso o Control No Autorizado a los canales de comunicación, casos en los que “un agresor obtiene información privada a través de la cual suelen extorsionar a las afectadas”.

La colectiva advierte que el ciberacoso es común, “de acuerdo al Inegi, las mujeres reciben más propuestas de carácter sexual (30.8%) frente a los hombres (13.1%)”.

La investigadora en estudios de género de la UNAM, Amneris Chaparro , aclara que los agresores usan insinuaciones sexuales para escandalizar a las mujeres. “Es una forma de demostrar que la sexualidad es un espacio marcado por dinámicas de poder de hombres a mujeres”, explica.

El uso instrumental de la sexualidad para atacar a las mujeres fue una conducta constante del acosador de Brenda. Él tenía perfiles falsos también en Instragram, “se hacía pasar por mi novio y me decía, de forma muy vulgar, que quería ver mis partes íntimas”, recuerda la joven.

La doctora Padilla afirma que el comportamiento de un acosador sigue ciertos patrones y teoriza que hay un silogismo: “tú pusiste una foto en redes sociales, estás disponible sexualmente; por lo tanto, yo puedo hacer lo que quiera con eso”.

Estas pautas son efectivas contra las mujeres jóvenes, porque desde niñas están condicionadas a sobrellevar el acoso. Con una nula educación sexual, “hay menos recursos para afrontar este tipo de violencia. Por eso, las mujeres jóvenes son el rango de edad más vulnerable”, comenta la doctora Padilla.

El ciberacoso laboral

La crisis económica por la pandemia obligó a las mujeres a aceptar condiciones indignantes en el entorno laboral. Antes de guardar el confinamiento, Diana, de 26 años, trabajaba como asistente financiera en un banco.

“Al principio sólo eran comentarios, ‘qué guapa’ o de manera ‘casual’ él tocaba mi cintura”, Diana identifica las circunstancias que su jefe fomentaba en la oficina. “Un día tuvimos que regresar a las instalaciones por mi mochila, cuando salí de su auto, él tocó mis glúteos. ‘Siempre te me has antojado’, dijo”.

Diana, quien utilizó otro nombre en este texto para proteger su identidad, apenas reaccionó tras la agresión y al día siguiente acudió a Recursos Humanos a denunciar. “Me dieron dos opciones: ‘o procedes, pero no te daremos carta de recomendación ni finiquito; o te vas con tu finiquito’, ya que no cubrían casos ligados a código de vestimenta». La joven trabaja con el uso obligatorio de una falda junto a su acosador.

A la discriminación que Diana enfrentó, se sumó la cuarentena. El panorama forzó a la joven a soportar un mes de actividades en las que había ciberacoso diario. “Me decía que necesitaba estar conmigo y que sólo sería una vez para que se le quitaran las ganas”. La joven bloqueó en WhatsApp a su jefe y renunció al empleo.

Si bien Diana no denunció ante otra instancia legal debido a los gastos que debía solventar, tuvo una represalia: “ya no puedo poner esa experiencia laboral por las condiciones en que había quedado con la empresa”, la joven omite especificaciones, pues su acosador aún trabaja en aquel banco.

El ciberacoso es una realidad que pocas veces se denuncia y en el entorno laboral, el miedo a las sanciones de quienes usan una posición de poder para violentar a las mujeres es el principal obstáculo. De acuerdo con SEMUJERES, de las 162 carpetas de investigación retomadas en párrafos anteriores, sólo tres casos de ciberacoso laboral llegaron a la Secretaría.

De acuerdo con cifras de la secretaría, el ciberacoso en espacios de trabajo es perpetrado por compañeros de igual y mayor jerarquía. El tipo de acoso que experimentó Diana corresponde al vertical descendente ; de un superior hacia una empleada de menor rango.

La investigadora de género Amneris Chaparro considera que el acoso es “una manifestación de relaciones de poder”; lo que empeora si el acosador tiene un cargo laboral más alto respecto a la víctima. “A las mujeres -continua- se les coloca en posiciones de menor prestigio”. Las consecuencias se traducen a abusos de poder, intimidación y violencia económica.

Ari, de 25 años, solicitó el servicio de taxis que brinda el bar donde trabaja. Después de una jornada laboral que terminó en la madrugada, Ari contemplaba el camino, así despejaba el temor a enfermarse por salir a trabajar durante los días más críticos de la pandemia en Ciudad de México.

El escenario era diferente y el pasar de los minutos hacía el trayecto irreconocible. El taxista “no me quería dejar en mi casa y me quería llevar a otro lugar en contra de mi voluntad”, revive el viaje que pareció un viaje eterno. Después comenzó el ciberacoso “siempre me escribía piropos por WhatsApp, aunque no le contestara”.

Las insinuaciones se convirtieron en otros actos coercitivos. “No me quería cobrar los viajes y me enteré que cualquier otro taxista que me llevara, sería castigado por él”, cuenta Ari el abuso de autoridad de su acosador, dueño de la base de taxis.

Cuando el ciberacoso escapó del control de Ari, decidió “hacer justicia por su propia mano”. Con expresiones breves y un tono apagado, la joven admite que sus primos y ella misma tuvieron que ir a hablar con el taxista para detenerlo.

Educación sexual integral

Es necesario atender los daños del ciberacoso y acompañar con ayuda inmediata a las víctimas. Con objetivo brindar asesoría jurídica a mujeres, las Abogadas de las Mujeres de SEMUJERES se encuentran en 47 Agencias del Ministerio Público .

Con un futuro entre computadoras y plataformas digitales a la vuelta de la esquina, las interacciones deberán adoptar nuevos códigos. La solución de la doctora Padilla recae en una “educación sexual integral y explícita, es decir, que contemple temas de género donde podamos sensibilizar a los niños”.

Los valores que la sociedad necesita aprender -propone- son: “el respeto a los cuerpos y sexualidades; precaución con el abuso sexual y los límites de su cuerpo, qué sí se puede tocar y qué no”. De esa forma se evitarían casos en los que una víctima no identifique una agresión.

Para erradicar la violencia en todas sus formas, Luchadoras propone reconocer que “la violencia digital es real” y que las repercusiones “no se quedan en pantalla”, sino en cualquier escala social de las víctimas.

Sin embargo, la cultura digital aún carece de apoyo colectivo que evite el ciberacoso, por lo que la Fiscalía General de Justicia ofrece atención psicológica en Centro de Terapia de Apoyo a Víctimas de Delitos Sexuales y la Policía Cibernética cuenta con instituciones para la atención de violencia .

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