América latina se hunde en profunda crisis democrática


Por Jorge Petrikowski

América Latina históricamente ha sido un laboratorio en el que las diversas potencias ponen a prueba sus más retorcidos experimentos políticos —acaso sólo por debajo de la Alemania dividida— y todo parece indicar que esta década no es la excepción, pues los movimientos que vemos, la perpetuidad de algunos gobernantes y la necedad de quitar a otros indican que más de un gobierno del norte está inmiscuido.
Desde hace semanas podemos ver en los diarios o en internet los diversos problemas que sufren países como Chile, Ecuador y Bolivia, sin mencionar a Argentina, Venezuela, Brasil y Nicaragua que ya tienen años con estas dificultades que han comprometido la democracia local y la de toda la región.
Durante las década que los dictadores fueron descaradamente apoyados por Estados Unidos no se veía tal turbulencia política en la región que ha visto el resurgimiento de movimientos de izquierda intentando oponerse a gobiernos que buscan reprimirlos a como dé lugar, sin que hasta ahora lo logren, por lo que el siguiente movimiento en el tablero de ajedrez del cono sur parece ser debilitar los movimientos y dejarlos extinguirse con el paso del tiempo sin prestarles más atención de la debida.
Bolivia y Chile son los que han tenido los mayores reflectores, en las semanas recientes por la cantidad de gente que ha salido. Pareciera que por el tipo de gobierno que tiene cada país no estaría relacionado, pero ambos casos presentan un común denominador: el hartazgo de la población en general.
Chile ha logrado reunir a cerca de un millón de personas en las calles que han denunciado las prácticas, dignas de Pinochet, que Sebastián Piñera ha implementado para silenciar las voces que han denunciado las injusticias y carencias que se tienen en dicho país. Ciudadanos de todas las clases sociales, artistas, intelectuales, profesores, obreros, estudiantes y todo aquel que no se encuentra en un puesto privilegiado se ha volcado a la calle para exigir la renuncia del presidente; algo que parece alejarse poco a poco, pues el desgaste natural del movimiento va apaciguando las aguas. Y todo parece tomar sentido con la reciente llamada de Donald Trump a Piñera mostrando su apoyo, cuando gran parte de los países ha condenado la represión y las muertes que ésta ha dejado.
Bolivia, por su parte se ha cansado de ver en Evo Morales una figura única de autoridad, un líder que sacará de la pobreza al país, pero que por años se ha perpetuado en el poder y no ha logrado mejorar sustancialmente la calidad de vida. A esto se suma su turbia reelección, lo que ha prendido una mecha que desde hace tiempo se ha venido preparando para ser encendida y que podría terminar con una renuncia o, cuando menos, una nueva vuelta electoral.
Ambos casos se suman a los ya mencionados de Brasil, Chile y Venezuela, donde los gobiernos han resistido, pero parece que con pinzas. Los argentinos tomaron la decisión de dejar a un lado el derechismo de Macri y regresar al peronismo, aunque de manera más moderada con Alberto Fernández.
La crisis no será ajena a nuestro país, por lo que esta turbulencia, dimes y diretes que hay con el gobierno actual podría dar un vuelco como en los países sudamericanos, la solución está en el presidente de la República, no actuar como la clase política dominante y darle la palabra al pueblo, antes de que éste la arrebate y dirija su voz a las calles.

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