La desafortunada lesión de Mozo es un recordatorio de lo impredecible que puede ser el futbol.
En un partido lleno de tensión y disputas por el balón, Alan Mozo protagonizó una de las escenas más impactantes de la jornada. Y es que a los 42 minutos, durante el forcejeo con Jan Unjanque de los Gallos, Mozo cayó de manera aparatosa.
Esta aparentemente jugada inofensiva, terminó con el defensa tocándose la pierna con evidente dolor, dejando a todos en el estadio con el corazón en un puño.
El cuerpo médico del Pachuca actuó de inmediato, trasladando a Mozo a un hospital en Querétaro para realizarle una radiografía.
Los primeros informes sugieren un esguince de segundo grado; el diagnóstico definitivo se conocerá tras los estudios en la Universidad del Futbol. Esta lesión podría mantenerlo alejado de las canchas por al menos un mes, un golpe duro para el jugador y el equipo.

Mozo, llegó al Pachuca este invierno desde el Guadalajara; había mostrado un buen desempeño en sus primeros partidos con los Tuzos. Su paso por el club rojiblanco estuvo marcado por altibajos, pero su talento nunca estuvo en duda. En Pachuca, Mozo buscaba consolidarse y demostrar su valía, y aunque la lesión es un revés, su determinación sigue intacta.
El Pachuca, que había comenzado la temporada con buen pie, ahora enfrenta el reto de cubrir la ausencia de uno de sus defensas clave. La afición espera que Mozo regrese pronto y con más fuerza que nunca.
La desafortunada lesión de Mozo es un recordatorio de lo impredecible que puede ser el futbol. Sin embargo, su espíritu combativo y el apoyo del equipo y la afición serán cruciales en su recuperación. Los Tuzos confían en que Mozo volverá a la cancha para seguir demostrando su calidad y compromiso con el club.
 
 
 


















