DESABASTO DE MEDICINAS COMO EN 1982


Por Cecilia Soto

Un examen clínico de rutina en un hospital privado indicó que Horacio (nombre ficticio, pero caso real) podría desarrollar un cáncer que con toda probabilidad lo mataría antes de los 40 años, exactamente como sucedió con su madre. Un nuevo examen ahora con herramientas más sofisticadas comprobó el prediagnóstico. Horacio porta un gen hereditario asociado a un cáncer sumamente agresivo. El caso resultó médicamente tan singular que fue referido al prestigioso Instituto de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, INCMNSZ.
Horacio aceptó ser tratado en “Nutrición”, el nombre corto con el que quienes conocemos a esa institución de excelencia nos referimos con amor, admiración y agradecimiento. El presupuesto para la delicada cirugía para Horacio resultó en 10 mil pesos, según el estudio que realizó trabajo social, costo dentro de las posibilidades económicas de su familia. Hasta ahí las buenas noticias. El hospital le informó que tendría que costear todos los insumos de la cirugía: gasas, pinzas, grapas, sondas, etcétera, hasta llegar a un presupuesto de 60 mil pesos y se le entregó una lista de proveedores, pues el personal médico no puede realizar compras.
La política de “tumba, roza y quema”, como bien la llamó Mauricio Merino respecto a todo lo hecho por gobiernos anteriores, ha dejado a las instituciones de salud de todo el país, no sólo al INCMNSZ, con un desabasto de medicamentos e insumos médicos básicos, sólo comparable al de 1982, cuando México estuvo a punto de declarar moratoria de pagos y se suspendieron las compras no voluntariamente como sucedió en este gobierno, sino por falta de recursos, producto de la macro devaluación.
A una pregunta sobre el desabasto, el Presidente dijo en alguna de sus conferencias matutinas que éste se debía a que se corregirían las compras consolidadas de medicinas, práctica presente desde la administración pasada, pues “sólo cuatro compañías acaparaban el 60 por ciento de las compras gubernamentales de medicinas”. ¿Es el número relativamente pequeño de participantes prueba irrefutable de corrupción? Quizá, pero si aplicáramos ese criterio, entonces la compra de casi 600 pipas por parte del actual gobierno, tiene serios síntomas de corrupción pues una sola compañía, Navistar, acaparó más del 70 por ciento de unidades, compañía que, por cierto, enfrenta en Estados Unidos dos demandas tipo class action por fraude a los compradores de sus transportes.
Es importante recordar que durante la transición se informó al gobierno entrante que se tendrían que renovar las compras de medicina en noviembre para cubrir 2019. No lo hicieron porque más importante que la salud de los mexicanos era dar el mensaje de que con el actual gobierno todo cambiaba. El símbolo por sobre el tamiz neonatal para detectar a tiempo enfermedades incapacitantes de por vida, el símbolo por sobre la salud de Horacio (y de miles como él) que tuvo la suerte de descubrir a tiempo la inminencia de un cáncer mortal, un símbolo antes que el bienestar de millones de mexicanos inscritos en el Seguro Popular al que quieren desmantelar.
En 2017, la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece), publicó un excelente estudio sobre la falta de competencia en el mercado de los medicamentos genéricos, he hizo una serie de recomendaciones para agilizar la entrada de estos y enfrentar las maniobras de las compañías farmacéuticas para obstaculizar la competencia. De todas estas recomendaciones, la actual Secretaría de Salud sólo adoptó la que facilita un mayor número de participantes en las licitaciones internacionales de compras consolidadas. El 29 de marzo se publicó en el DOF la modificación que permite a la Cofepris aceptar a aquellas compañías extranjeras que han pasado las pruebas de la Organización Mundial de la Salud. La SHCP dará el veredicto de la macrolicitación hasta junio y las compañías tendrán desde dos y hasta seis meses para entregar los medicamentos. ¿Cómo resolverán el desabasto durante 2019?
El actual gobierno está contaminado por la idea leninista de que hay que destruir todo lo anterior para que surja lo nuevo. Eso está bien para panfletos estudiantiles, no para gobernar.

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