DE MOLESTIAS Y AMISTADES


Por Luis Pinal Da Silva

Lo que sucedió con Félix Salgado Macedonio, ya lo había vivido Andrés Manuel López Obrador con los padres de las niñas y niños a quienes les quitó el medicamento para el cáncer, porque según su política, había que ser austeros. En su perspectiva, si morían, parecía su racional, la patria de la 4T era primero.
También le pasó con las madres que le recriminaron que cancelara las estancias infantiles, o con los padres de los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos, pero la fuerza que – ante los ojos de los mexicanos – lo derrotó es el caso de Salgado Macedonio donde no midió que la violencia y discriminación hacia las mujeres no afecta a un grupo delimitado, sino cruza por completo a la sociedad.
El desprecio sostenido y creciente de la gente ha minado la confianza del presidente, y si bien el que la candidatura de Salgado Macedonio haya sido tirada a la basura en principio el viernes pasado, es una derrota directa para López Obrador, que durante más de dos semanas tomó la defensa de su escogido para gobernar Guerrero, menospreciando a las cinco mujeres que lo acusaron de abuso sexual y violación, insultando a miles de mujeres que respaldándolas.
Pero no es algo definitivo. López Obrador no se ha dado por vencido, y ordenó al líder de Morena, Mario Delgado, aclarar que sigue siendo su candidato, que las acusaciones son infundadas y que habrá nuevas encuestas en Guerrero.
López Obrador se ha ido hundiendo junto con Salgado Macedonio. El blindaje del presidente está abollado, por la voz de la gente que repudió su persona. La protesta feminista exigiéndole romper el pacto patriarcal dejó de relieve que entiende las cosas diferente, con un pensamiento inconexo. Cuando el fiscal general, Alejandro Gertz Manero, le llevó a Palacio Nacional los casos de Alonso Ancira, quien vendió a Pemex la planta de Agronitrogenados, y de Mario Marín, el ex gobernador de Puebla, acusado de tortura de la activista Lydia Cacho, el mandatario le dijo que le bajara la pena a Ancira, pero que lo mantuviera en la cárcel el resto del sexenio, para dar una señal a los empresarios que no hay intocables; sin embargo, sobre el caso de Marín, ni siquiera quiso hablar de ello con Gertz Manero, pero el trato sería totalmente distinto porque, argumentó, si no aplicaban la mano dura contra el exgobernador, la señora Cacho no dejaría de confrontarlo por el resto de su gobierno.
López Obrador le tiene miedo a las críticas de Cacho y de las mujeres le reclamaran su laxitud con Marín, pero esa decisión pragmática no lo fue con Salgado Macedonio, a quien respaldó hasta la ignominia.
El problema de Salgado Macedonio no era la lucha interna meramente, aunque es cierto que fue Pablo Sandoval quien reclutó al abogado Xavier Olea, ex procurador de Guerrero, para que recordara en una entrevista de radio con un periodista cercano, que había denuncias contra el senador por acoso sexual y violación.
Sin embargo, el pensamiento cerrado de López Obrador, producto de su formación cristiana y un entorno donde la mujer valía menos, sin haber evolucionado con el paso de los años, es tan sólido, que es inverosímil que después del movimiento feminista en el primer bimestre de 2020 que sólo la pandemia detuvo en las calles, pero no en la protesta, su aprendizaje haya sido nulo.
En resumen, Andrés Manuelo López Obrador sigue sin entender que la demanda histórica de las mujeres no corre por líneas político-ideológicas, y que no comprender el fondo de la problemática porque su cabeza sólo tiene espacio para los temas político-electorales, lo único que genera es un ensanchamiento de la protesta social que lo está llevando a una frustración que cada día que pasa es más que evidente.

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