En México Es Tiempo de “Nombrar y Avergonzar” en Nombre de la Preservación del Medio Ambiente y la Lucha Contra la Eco-Corrupción


Por el Profesor Robert Carmona-Borjas

Posiblemente, nunca ha habido un momento más significativo en la historia mundial en el cual las numerosas amenazas que plantea el cambio climático han aumentado a la vanguardia de la política global; la preocupación compartida a una sola voz está causando cambios sísmicos en los mercados mundiales, a la vez que obliga al país a mirar hacia su interior en cuanto a encontrar la mejor manera de reajustar la política interna para asegurar un mejor mañana.
Para la República Mexicana, su reflejo es un mal augurio: Las Naciones Unidas declararon desde 1992 que la ciudad de México era el centro urbano más contaminado del mundo, hecho que representó problemas ambientales y socioeconómicos, mismos que afectaron al turismo y al comercio internacional. Peor aún, según las cifras recientes planteadas por el Instituto de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México, el país pierde aproximadamente 500,000 hectáreas de bosques al año. Los datos del Gobierno han determinado que al menos el 17% de la superficie de México está totalmente erosionada.
A medida que aumenta el consumo mundial de la madera, el agua, los minerales y los textiles, con la mayoría de la demanda provocada por el crecimiento de China, México debe actuar. El país debe evaluar y reevaluar las propuestas de intervención ecológica, sus problemas en lo que se refiere a la deforestación y la contaminación atmosférica, y en el espíritu de lucha contra la corrupción y a fin de derrotar a la “eco-corrupción”, nombrar y señalar a quienes perpetúan el “status-quo” que mancha la reputación de este mercado emergente.
La “Eco-Corrupción”, en particular, es una narrativa peligrosa que México ha evitado desde hace tiempo. Pero el momento del cambio ha llegado. Existen los sospechosos habituales, organizaciones como PEMEX, en la que cinco de sus seis refinerías de México se encuentran entre los 25 mayores contaminadores del mundo en cuanto a emisiones de dióxido de azufre (SO2), esto fue verificado por satélites de la NASA en 2018. Además, existen también organizaciones ideológicamente motivadas, como las Individualides Tendiendo a lo Salvaje (ITS).
En los últimos años, los científicos mexicanos que participan en la biotecnología y la nanotecnología, muchos de ellos con la intención de aplicar energías renovables, se han convertido en el blanco -no de cárteles de drogas o agentes de policía corruptos- de las bombas de terroristas anti-ecología, cuyo objetivo es destruir la civilización humana.
El ITS ha asumido la responsabilidad de un reciente intento fallido de bombardeo contra un investigador del Instituto de Biotecnología de la Universidad Autónoma Nacional de México. Y el grupo amenaza con más.
También existen organizaciones como Petroquímica Mexicana de Vinilo (PMC), una empresa petroquímica pública-privada y contribuyente directo a la degradación ambiental de México. Una explosión de 2016 en una planta petroquímica en el sudeste de México que dejó 32 muertos y 136 heridos ha puesto de relieve la necesidad de fortalecer la vigilancia de las sustancias peligrosas; y de que México intensifique las inspecciones periódicas de las fábricas y actualice las normas en todo el país.
Sin embargo, PMC sigue produciendo aproximadamente 170,000 toneladas anuales de cloruro de polivinilo (PVC), el cual genera dioxinas y furanos, contaminantes ambientales que pertenecen a la infame “docena sucia” – un grupo de sustancias químicas altamente peligrosas conocidas como contaminantes orgánicos persistentes (COPs).
Para 2024, México tiene previsto contar con un programa para vigilar los COPs en la atmósfera y evaluar los costos económicos que estos contaminantes representan para el medio ambiente e incluso para la salud humana. El mundo está observando.
Además, existen también individuos como Juan Carlos Madero Larios (asesor de Raquel Buenrostro – jefa del SAT) de la Administración de Aduanas y Asuntos Internacionales de México.
Madero Larios, junto a su consorcio comercial del mercado negro, contribuyó directamente a la deforestación del Estado de Chiapas- al Sur de México, permitiendo la exportación ilegal de grandes cantidades de madera, mismas que se encontrarían predominantemente e inevitablemente en China. Se sabe también que Madero Larios contribuyó a la casi extinción del pepino de mar en México, al permitir su exportación ilegal. Se ha reportado además, que una de las organizaciones con las que Madero Larios está afiliado, contrabandea tubos de diesel al extranjero, mismos que se declaran ilegalmente como “aceite ligero” y, por tanto, no sólo contribuye al problema de la degradación del medio ambiente y la contaminación atmosférica en el país y en otros lugares, sino que también evita el pago de impuestos en México. En enero de 2020, Madero Larios ayudó a la empresa Hidrosina a desechar hidrocarburos ilegalmente en el Muelle 7 de la Aduana de Progreso. Dos días después, se detuvo a un vehículo que transportaba ilegalmente miles de litros de diesel y su conductor fue arrestado.
A pesar de lo anterior, el propio Juan Carlos Madero Larios sigue cobrando cientos de miles de pesos al mes por estas actividades.
México requiere una mayor rendición de cuentas y una respuesta colectiva del sector público a una amenaza ambiental que ya no se considera existencial. La buena noticia es que México está tratando hoy de dirigir los esfuerzos de América Latina por proteger el medio ambiente mediante una gran cantidad de nuevas iniciativas, muchas respaldadas por el apoyo de las Organización de las Naciones Unidas.
Aunque se ha argumentado que a la fecha el país posiblemente no cuenta con las leyes necesarias para preservar su medio ambiente, existe una creciente cohesión en la conciencia pública e incluso la hostilidad política hacia la negligencia ambiental y la “eco-corrupción” y sus perpetradores.
Está en las manos del país, ser ejemplo del compromiso de México con una mayor reforma ambiental, transparencia y búsqueda de la rendición de cuentas. Está en nuestras manos ayudar a México a lograr un cambio duradero.
El profesor Robert Carmona-Borjas ha enseñado tanto en la Universidad de George Washington como en la Universidad Americana y funge como director ejecutivo (CEO) y Fundador de la Fundación Arcadia (http://ArcadiaFoundation.org ), una 501 ©3 sin fines de lucro que busca frenar la corrupción en los gobiernos en desarrollo. Las opiniones expresadas son suyas

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